La comunidad registra más de 2.800 apicultores y medio centenar de empresas de extracción o envasado en las nueve provincias

 

Una abeja tiene que visitar un millón de flores para preparar cien gramos de miel. Natural, rica en minerales y vitaminas y buena para casi todo ha acompañado al ser humano desde sus orígenes.

En España se recolectó desde la época prehistórica y una representación de la cueva de Araña, en Bicorp (Valencia), es testigo de ello. Toda Castilla y León es apta para el desarrollo y explotación de esta especie de la “apis mellifera”; aunque el clima influye decisivamente en la cantidad y características de la miel. El calor y la humedad favorecen la producción de miel. Además, la variedad de suelos y, sobre todo, de flora ofrece un gran abanico de posibilidades a esta región. Los sabores de la miel derivan del polen y néctar de las plantas de las que se alimentan las abejas. Los encinares o los brezales ofrecen grandes posibilidades para mieles monoflorales; así como los arbustos mediterráneos, en especial el tomillo, el espliego y la salvia, permiten obtener mieles multiflorales de gran calidad.

La apicultura es también vieja y tradicional en esta tierra. La construcción de colmenares en el entorno del Duero es habitual. Para tener cerca de las abejas la necesaria agua, se preparaban sencillas construcciones de cuatro paredes, en cuya fachada se dejaban unos agujeros redondos sobre los que colocaban cestas de mimbre, en las que las abejas desarrollaban su actividad. Hoy en día el sector se ha profesionalizado obviamente. Una colmena tiene entre las 10.000 y las 20.000 abejas en invierno y hasta las 70.000 y 80.000 en julio. La vida de la colmena consiste en alimentar a las crías con polen y néctar, elaborar los panales y la miel y en acarrear agua, polen y miel para la alimentación.

La producción principal de miel de Castilla y León está en Salamanca, que supone el 63,6% del total regional; pero en las nueve provincias hay empresas dedicadas a la extracción o envasado y más de 2.800 apicultores viven del sector en la comunidad. La miel es un producto de entidad económica en Castilla y León tanto por pura afición o como medio de vida y, en cualquier caso, la calidad del producto es extraordinaria.La miel tiene sobre todo azúcares; de ahí una gran importancia calórica pero también minerales. Es antioxidante y un interesante cicatrizante, mitiga trastornos intestinales, úlceras de estómago, insomnio y males de garganta, especialmente combinada con el limón. Aumenta el contenido de hemoglobina en sangre y el vigor muscular, facilita la absorción del calcio, activa la osificación y la salida de los dientes.

En uso externo, cura quemaduras y heridas. El elemento esencial de esta acción antibiótica es una enzima, la glucosa oxidasa que provoca un desprendimiento de agua oxigenada. En cosmética sirve para mantener una piel brillante, radiante y libre de grasa y presenta muchas aplicaciones en cremas, geles y mascarillas de belleza. Estimula la piel y realiza una importante labor antiséptica, además de nutrirla. En la actualidad, existen numerosos productos de belleza para la cara y el cuerpo que la emplean por sus efectos hidratantes y relajantes.
La miel además de su consumo sobre pan o galletas y especialmente con la cuajada y el yogur cada vez se usa más en la elaboración de salsas para carnes, sobre todo cuando se le quiere dar un cierto toque exótico. Para aliñar ensaladas resulta novedoso mezclar mayonesa, vinagre, miel, sal y cebolla e, incluso, apio.

Ya los griegos se alimentaban desde la infancia con una mezcla fortificante de leche y miel a la que llamaban melikatron. Como alimento de vida era también, según Pitágoras y Demócrito, fuente de longevidad y de poderío intelectual.

Los romanos servían la miel al principio de la comida en forma de viejo vino mielificado, el mulsum, y luego, en el postre, en forma líquida o en panales.
Un plato de entrada particularmente valorado en la época de Nerón y del que Petronio elogia sus méritos en su “Satiricón”, era el lirón preparado con salsa de miel. Horacio se deleitaba con los ova mellita, huevos con miel cuya receta consistía en un huevo con dos onzas de miel.