En la cocina, la modalidad virgen extra también es la mejor para freír

 

Para el paladar, para la vista y sobre todo, conocido es, para la salud. Básico en una buena dieta Mediterránea. Fundamental en una buena mesa. Pero, virgen extra, refinado, de orujo… ¿Todos responden a estos beneficios?

El aceite de oliva más beneficioso para la salud y más agradable en el plato es el aceite de oliva virgen extra. Sin duda. Porque su extracción se realiza en frío y únicamente con métodos mecánicos; lo que garantiza la conservación de todos los nutrientes y propiedades del aceite. Es el más puro y se obtiene de la primera prensada y su acidez es cercana al 1%, lo que no solo garantiza la calidad del producto sino además su buen sabor.

También de calidad al obtenerse por métodos mecánicos, aunque inferior, son el de oliva virgen, que puede tener hasta 2 grados de acidez y leves defectos de olor y sabor.

El residuo que queda en las almazaras aún contiene aceite de oliva en su interior, que se extrae con disolventes. Es el de orujo crudo y no puede comercializarse sin ser refinado. Resulta un aceite incoloro, inodoro e insípido, y solo se vende mezclado con otros.

Y el aceite de oliva, el más consumido, pero no el mejor, y mezcla de aceites de oliva refinado y aceites de oliva vírgenes o vírgenes extra.

Del dorado al verde oscuro. El color de los aceites de oliva vírgenes puede variar dependiendo de la variedad de aceituna empleada, pero ello no indica que su calidad sea mejor o menor. En cuanto al sabor: Afrutado, amargo o picante son cualidades.