Un producto que admite la tempura, el rehogado, el ajo arriero, incluso, un simple chorrito de aceite

 

Resulta curioso que la acelga, una verdura muy utilizada como planta medicinal desde hace siglos por los romanos, griegos y árabes, en la actualidad apenas esté valorada y esté considerada como una verdura ordinaria, de pobre categoría y que difícilmente llega a la carta de un restaurante, ni siquiera en los de menús baratos y diarios. Ni siquiera combinada con otras en una menestra. Tal vez la facilidad de su cultivo –crece en casi cualquier terreno donde se corta y vuelve a echar hojas durante la temporada de verano–, su abundancia en el mercado y, por ello, el precio más que asequible al que se vende, expliquen este desprestigio.

Sin embargo, no hay puré más rico y agradable en estos días fríos que el de la acelga. Sano y sabroso. O simplemente cocidas y regadas con aceite de oliva. Pero también admiten la tempura, el rehogado al ajo arriero, con espaguetis o sabrosa en una ensalada de brotes tiernos de esta verdura con queso, manzanas y arándanos y bañado con un aderezo de una salsa hecha con mostaza, miel, vinagre, sal y pimienta. Otra sabrosa, fácil y cómoda preparación es con pescado. Se le hace a cualquier filete de pescado blanco una cama de acelgas, tomate, chile y cebolla y también por encima y se envuelve en papel para hornearlo unos diez minutos. Y ni qué hablar del sabroso potaje de garbanzos con acelgas, no solo con espinacas se hace. Además, estas hojas verdes, que simplemente requieren retirar los fibras de las pencas y lavarlas bien –ahora también llegan a la tienda limpias y cortadas en bolsas– son perfectas para una dieta de adelgazamiento. Apenas tienen calorías y aportan mucha agua y vitaminas.

Consumo en un máximo de tres días

Aunque su mejor temporada es entre junio a agosto, se encuentran todo el año. Las denostadas acelgas se reinventan y permanecen en los hogares, ahora también las de pencas rojas más apropiadas para el uso en crudo, y así funcionan sabrosamente salteadas con ajo y limón, acompañadas por queso feta cremoso, o en recetas más imaginativas propias de la repostería, como los buñuelos y la tarta cremosa de hierbas o sustituyendo a los grelos en los preparados gallegos.

Conviene consumirlas en un máximo de dos o tres días después de su recolección. Al amparo del frío del frigorífico puede conservarse algún tiempo más y, si lo que se desea es congelar, conviene escaldarlas previamente durante unos minutos, dos o tres, y escurrirlas bien.

En la Península Ibérica, el cultivo de esta verdura se extiende por la mayoría de las regiones del este, norte y centro. Cataluña y Valencia destacan como principales comunidades productoras; pero es habitual encontrarla también en cultivos de la comunidad. A nivel mundial, países de Europa central y meridional (Italia, Francia, Holanda, Bélgica y Alemania, así como las Islas Británicas) y América del Norte son los principales productores.