Las patatas meneadas son muy sencillas de realizar, con ingredientes muy básicos, y el resultado es un plato sabroso, económico y muy salmantino

 

Es uno de esos platos que identifican a la provincia de Salamanca y que a día de hoy, casi se reserva para las ocasiones especiales. Al menos así lo cuenta Rosario Pérez, una conocida vecina de Ciudad Rodrigo a las que las patatas meneadas o «meneás», como se dice por estas tierras, la recuerdan «a mi padre, a mi madre y a mis hermanos y todos alrededor de la camilla con el plato de patatas meneadas».

Explica Rosario que este plato «era lo que se almorzaba en el campo todos los días» y ya desde por la mañana, «cuando estábamos desayunando el pan migado, se ponían a cocer las patatas en un puchero de barro en la lumbre baja». Hacia las 10:00 horas llegaba esa deseada hora del almuerzo y «toda la gente que hubiera en la casa comía las patatas». Añade esta farinata que «ese era el almuerzo de todos los días del año; para comer el cocido y por la noche los frejones machotes». A pesar de la sencillez del plato, «ahora ya solo se hace para las matanzas, en carnavales o cuando viene algún amigo y me pide que las haga, no es algo que se cocine de manera habitual».

Rosario y sus hermanas Pilar y Toña, conocidas como «las Olaya» en Ciudad Rodrigo, son las encargadas de cocinar 100 kilogramos de patatas meneadas durante la Feria de Botijeros que organizaba el Ayuntamiento y en la que se incluye una degustación popular confeccionada a base de productos locales.

Concluye que «es la cosa más sencilla de elaborar, lo importante es la materia prima» y la gustaría que la tradición no se perdiera con sus hijas pues ella aprendió a cocinarlas de la mano de su abuela y de su madre. «Mis hijas sí saben lo que llevan y cómo se hacen pero siempre me dicen: «Mamá, vamos a hacerlas, que a nosotras no nos quedan igual»».