El Mesón Quintanilla, visita obligada si se disfruta de la Ribera del Duero a través de Quintanilla de Onésimo

 

El Mesón Quintanilla abrió sus puertas en 1982, en el municipio vallisoletano de Quintanilla de Onésimo, de poco más de un millar de habitantes. Hoy, treinta y seis años más tarde, se ha transformado en la alternativa de cocina económica, casera y del día, en pleno territorio vinícola dónde la oferta gastronómica es amplia y se especializa en la creatividad y la innovación.

Sin embargo, este coqueto establecimiento, de estilo rústico y castellano, se defiende con unos enérgicos vecinos al frente, Francisco Javier Villén e Inés Gómez. Trabajan con la misma ilusión que puso el padre de Francisco Javier cuando construyó el mesón, recién llegado de Barcelona. «De aquí es mi madre. Cuando llegamos, yo era pequeño y aquí no había restaurantes como tal», recuerda.

Ahora, el desarrollo y la evolución de los negocios vinculados al enoturismo y la naturaleza son aprovechados por muchos pueblos para mantener y generar actividad laboral en el entorno rural. «Se están potenciando mucho las rutas de senderismo. Sobre todo las hacen grupos y familias, que después quieren comer bien y coger fuerzas», señala Francisco Javier y añade, «no todo el mundo puede gastarse 40 o 50 euros por persona».

De esta forma, el menú diseñado a diario por Inés, que se encarga de los fogones, piensa en una oferta ajustada a las necesidades de sus clientes. «Potajes, alubias, guisos… A mí me encanta cocinar y de lo que se trata es de que uno coma bien», apunta una discreta Inés que comenzó en el negocio de la hostelería en este mismo establecimiento hace más de treinta años. «Empecé poco a poco, fregando platos», sonríe, pero «siempre me ha gustado la cocina». Ahora es el centro de atención porque tras la barra del bar, se abre el espacio de fogones donde trabaja.

Con capacidad para sesenta personas, este joven matrimonio trabaja con productos de la zona y se va adaptando a las necesidades de los viajeros, que son sus clientes más habituales.

Reconocen que la hostelería en el medio rural es «muy sacrificada» y señalan que el pasado año dieron comidas «hasta en vacaciones», a lo que añade Inés, «es que hay gente que viene todos los días y no les podemos dejar de atender». De momento, no tienen pensado ampliar, pero sí incorporar y modernizar las instalaciones de la cocina y así «poder seguir siendo la alternativa de comida buena y casera».

Mesón Quintanilla