Los de mejor calidad son brillantes y de color intenso, secos y firmes al tacto

 

Solo a la vista ya son apetecibles. Un intenso color y atractiva forma enriquecen la presentación de cualquier plato, salado o dulce. Pero, cuando se encuentran buenos, su profundo y personal sabor con un toque de acidez en su dulzura no decepcionan a los paladares más exigentes. Los arándanos acompañan a la nata, el helado o decoran pasteles y tartas. También se emplean para hacer zumos, mermeladas, jaleas, compotas, jarabes y es un magnífico relleno para un buen brazo de gitano. Cuando no se consumen crudos, se deben cocer lentamente con abundante azúcar y un poco de agua; en poco tiempo sus pieles se abrirán y ofrecerán un color rubí. Su uso en conservas está muy valorado tanto para mermeladas como pacharán y como colorante dada su intensidad. El jugo de su pulpa se emplea en la preparación de salsas de cocina o como guarnición para carnes, sobre todo para lograr un plato de caza más exótico. Los arándanos negros y rojos se pueden secar como las pasas, pero pierden en gran parte su sabor durante el secado.

El arándano es una baya que crece del pequeño arbusto homónimo de la familia de las Ericáceas del género Vaccinium, que alcanza de 25 a 50 centímetros de altura. Este género está formado por una docena de plantas que producen bayas de color oscuro, azuladas o rojizas, ricas en antocianos, pigmentos vegetales que les confieren su color característico.

El color y la textura son la clave para elegir unos buenos arándanos. Los de mejor calidad son brillantes y de color intenso, secos y firmes al tacto. Si se aprecia que están blandos y desprenden humedad se estropearán antes. Para su buena conservación hay que retirar los que aparezcan mohosos de los frescos y es importante intentar que permanezcan secos, es bueno extenderlos y dejarlos secar al aire libre.

Los autores clásicos

Desde los escritos de Plinio y Virgilio se tiene constancia de la identificación del arándano como una planta codiciada por su fruto; aunque entonces era conocida con su nombre latino vaccinium. Las frutas oscuras con colores negros, rojizos o violáceos eran conocidas ya en Grecia y se les denominaba ‘sangre de titanes’. Se conoce la existencial del licor de endrinas desde la Edad Media y ya la reina Blanca de Navarra, estando enferma, tomó este bebida alcohólica de este fruto con fines medicinales.

Durante el siglo XIX, la presencia de pacharaneras vendiendo endrinas en los mercados de Pamplona era algo habitual.

Los arándanos salvajes fueron parte importante de la dieta de la fauna nativa norteamericana, alimento de osos y de pájaros y también eran consumidos por los aborígenes tal y como observaron y recogieron los conocidos exploradores norteamericanos Lewis y Clark.