Manuela Martín hace el arroz a la zamorana como nadie. Al menos eso dice su familia, a la que reúne alrededor de la mesa con sus especialidades. No hace falta que sea día de fiesta, más bien al contrario, es fiesta porque ella cocina. Inspirada en el plato que siempre ha visto hacer a su madre, Feliciana, que hoy con 87 años sigue pegada a los fogones, le da su toque particular. Ama de casa, vive en la localidad zamorana de Arcenillas, en plena comarca de Tierra del Vino, a siete kilómetros de la capital. Zamorana de nacimiento, le gusta mantener las tradiciones y si hay una tradición gastronómica en su provincia, esa es el arroz a la zamorana.

Partes del cerdo de la matanza que hace en su casa cada mes de diciembre forman parte del plato, además de ingredientes de su propio huerto como el ajo, la cebolla, el pimiento rojo o las hojas de laurel del árbol que da sombra en su patio. “Me entretiene”, explica Manuela sobre una afición que practica todos los días. En la cocina, los higos secos ya preparados o los membrillos listos para hacer dulce reflejan su gusto por lo casero, por la elaboración lenta, sin prisas, y los ingredientes de toda la vida.

Pronuncia los nombres de cada uno de los comensales –”Julián, Rafael..”– mientras va contando los puños de arroz. Luego sirve platos o táper si alguno de ellos falta a la mesa y mientras cocina, se agolpan los recuerdos de su madre cuando elaboraba el mismo plato, el arroz a la zamorana.