El enólogo Jorge Monzón elabora en cuevas de La Aguilera vinos tradicionales, de crianzas largas y lentas, que se codean con los más grandes de la Ribera del Duero

 

Algunos vinos hablan por sí solos. Hablan de terrenos, climas y altitudes, de respeto por la naturaleza, de pueblo y de tradiciones, sin olvidar los últimos conocimientos técnicos. Eso es lo que hace el joven enólogo Jorge Monzón (Aranda de Duero, 1979), deja hablar a los vinos de Ribera del Duero que elabora en Dominio del Águila, bodega situada en un viejo lagar y seis cuevas conectadas entre sí en el pequeño municipio burgalés de La Aguilera. Monzón recupera la forma tradicional para producir unos vinos de crianzas largas y lentas, que requieren tiempo y paciencia, y que desde su primera añada, la de 2010, han logrado situarse en los primeros puestos de la ‘Guía Peñín’ y ‘The Wine Advocate’, hasta el punto de codearse con los grandes de Ribera del Duero, como Pingus, Vega Sicilia y Hermanos Pérez Pascuas.

Jorge Monzón habla con pasión de una aventura que comparte con su mujer, la arquitecta Isabel Rodero, quien prefiere hablar de «locura», en la que ambos empezaron de cero, con las viñas viejas familiares y las compradas por el enólogo y una importante experiencia a sus espaldas. Primero estudió en Burdeos y después se dejó seducir por Borgoña. De hecho, su paso por Domaine de la Romanée-Conti, la bodega más prestigiosa del mundo, ha marcado la filosofía de trabajo de este joven. Ya de vuelta en España trabajó en Vega Sicilia y fue el director técnico de Arzuaga Navarro.

Bendita locura que se ha visto avalada por las mejores puntuaciones tanto en la ‘Guía Peñín’ como por parte de Luis Gutiérrez, el catador oficial de ‘The Wine Advocate’ para España, Chile y Argentina. «Es el reconocimiento al esfuerzo porque aquí nos matamos a trabajar. No solo por nosotros, también por la gente que ha creído en nosotros». Desde el año 2014, los vinos de Dominio del Águila no han dejado de escalar puestos, hasta el punto de que este año Dominio del Águila Canta la Perdiz 2013 recibió de Luis Gutiérrez 98 puntos, solo superados en la Ribera del Duero por los 100 de Pingus 2014, del enólogo danés Peter Sisseck.

Para las largas crianzas utiliza tanto los depósitos de hormigón construidos en los años 80 por su padre, aunque los grifos y tapas son ahora de acero inoxidable, como barricas o cubillos de roble de distintos tamaños. Su mayor activo son las 40 hectáreas de viñas viejas mezcladas, en las que abunda la uva tempranillo, repartidas en 200 microparcelas. Sus principios son el máximo respeto por la naturaleza con el uso de infusiones de hierbas, como la valeriana o la mielenrama, para el tratamiento de las viñas; y una elaboración artesanal en la que el vino ni se clarifica ni se filtra.

Un paraje muy próximo a la bodega, llamada la Cuesta del Águila es la que inspiró a Jorge Monzón e Isabel Rodero el nombre de la bodega y de todos sus vinos y sus etiquetas. Dominio del Águila es el vino del que el enólogo se siente más orgulloso. Se trata de un tinto reserva con más de 30 meses de crianza. También produce un clarete a la antigua usanza y tinto con la marca Pícaro del Águila, un vino más asequible. A la espera de que la Denominación de Origen Ribera del Duero apruebe los blancos, Jorge Monzón ha elaborado uno de la variedad albillo que permanece en barrica en las cuevas después de 28 meses en barrica, que se acerca mucho al sueño de un vino borgoñón de los que no hay en España. Para este enólogo nacido en Aranda de Duero tiene mucho sentido «porque faltan vinos blancos de guarda en España, que son los que demandan los mercados».