El chef soriano Juan Carlos Benito muestra a los más pequeños los secretos del diamante negro, entre pizzas y hongos de chocolate trufado 

 

Un profundo olor a tierra, a húmedo, que incluso que resultaba desagradable al principio dio la bienvenida a los 65 alumnos de Educación Infantil y Primaria de los colegios de Navaleno, Cabrejas del Pinar y Abejar, en plena Comarca de Pinares, en la amplia cocina de la empresa Malvasía en el municipio abejareño. El reconocido chef soriano Juan Carlos Benito, de Grumer Catering, esperaba a los chicos entre fogones y con la trufa negra en la mano. Daba comienzo el taller gastronómico didáctico para niños en el marco de las actividades previas a la Feria de la Trufa de Abejar que se celebró hace un par de semanas. «Y es que la truficultura es la cultura en torno a la trufa negra, la tuber melanosporum, y es necesario formar a los escolares desde edades tempranas tanto en conocer cómo y dónde se producen las trufas, la manera de conservación, la diferencia entre la variedad de hongos negros y, sobre todo, su utilización en la cocina», explica Juan Carlos Benito.

Román Pérez Pascual tiene 9 años, es de Abejar, la cuna de la trufa negra. Mientras raya la trufa para echarla por encima de su pizza dice ilusionado que ya sabe «lo que es una trufa porque mi abuelo fue trufero y me lo ha contado, y sé que nace en las fincas, y es un recurso muy importante para mi pueblo». El menú se compone de dos platos, uno dulce y otro salado, que se atreve a cocinar cada uno de los niños. «Les acercamos al mundo de la trufa a través de ingredientes que ellos conocen y que les gusta como puede ser una pizza básica con tomate, bacon y queso, que van muy bien con la trufa», apunta Benito. Después de hornearla, llegaba el turno de lonchear la trufa y colocarla encima y, después, lo mejor del taller, comerse cada uno su creación.

Jimena Munera Borobio, de 10 años, se ha desplazado desde Navaleno y sabe que «la trufa es un hongo negro que crece debajo de la tierra y se necesitan perros o cerdos para poder cogerla».

El segundo plato es dulce: unas trufas de chocolate trufado y la masa ya está preparada, lista para que los niños rebocen las porciones en fideos de colores.

Carla Munera González, también tiene 10 años y estudiante en el colegio de Navaleno, recuerda que su «abuela me ha explicado algunas veces cómo se utiliza la trufa para cocinar y he aprendido hoy que la trufa es mejor utilizarla y cocinarla en pequeñas cantidades». Caras reacias al principio de oler la trufa, pero convencidos al probarla. Así se mostraron los niños en el que fue para muchos de ellos el primer el contacto con el diamante negro que crece en sus propios montes.

Taller jóvenes truferos