El carácter del contacto con la naturaleza está cada vez más demostrado

 

Este medicamento debería formar parte, pero ya, del recetario del Sistema de Salud de Castilla y León. Y no se trata de un cuento chino: pasear por los bosques tiene efectos beneficiosos sobre la salud de las personas. En todo caso, es un consejo que nos llega desde Japón. Allí, en el país del trabajo sin vacaciones, del todo por la empresa y la competitividad, con una de las tasas de suicidio más altas del mundo, vienen fraguando desde los años ochenta del siglo pasado una forma de poner freno al desenfreno de la productividad. Lo han llamado Shinrin-Yoku que, en español, viene a decir «sumergirse en la atmósfera del bosque», con el propósito de rebajar las tensiones, despejar la mente y lograr una armonía imposible de encontrar en el barullo de uno de los países con mayor densidad de población del mundo. Algo que se han tomado tan en serio como que es el propio Estado el que promueve esta ‘terapia’ como una forma eficiente y real para luchar de manera preventiva contra un variado catálogo de enfermedades: hipertensión, depresiones, ansiedad, insomnio…

De hecho, existen en el país 62 centros oficiales designados por la Agencia Forestal de Japón encargados de ayudar en el empeño. Por ellos pasan cada año entre dos y cinco millones de japoneses a los que se les facilitan sesiones de paseos guiados por el bosque. Una inmersión en la naturaleza en la que se busca, a través de ejercicios de respiración y relajación, el despertar de los sentidos y de la conciencia. Captar la energía que es capaz de proporcionar a nuestro organismo el contacto con la naturaleza. Los efectos reales que este tipo de actividades tiene en el cuerpo humano están avalados por estudios como los que se han realizado en la Universidad de Chiba (cerca de Tokio) o, más cerca, los hospitales Santa Caterina y Josep Trueta, de Gerona.

Así que, igual que no suena nada raro –sino todo lo contrario– oír hablar de los efectos terapéuticos de los baños termales es bastante probable que, no tardando, veamos como de lo más normal pasar una semana dedicados al disfrute de «baños de bosque». En Cataluña ya se han puesto a ello. El pasado noviembre, la Asociación Sèlvans, en colaboración con el Patronato de Turismo Costa Brava Girona, siguiendo la estela de países como Alemania, Estados Unidos, Corea del Sur o Japón, presentó la primera red de Bosques Saludables e Itinerarios Terapéuticos del Estado.

Y si Castilla y León se pusiera a ello, sería la comunidad con más ventajas: cuenta con la mayor masa forestal de la península Ibérica, el 51% de su superficie, casi cinco millones de hectáreas de las cuales tres corresponden a masa arbolada, a bosques. Quienes han echado cuentas dicen que cada habitante de la comunidad toca a 1.300 árboles, una tasa que solo superan dentro de la Unión Europea países como Finlandia y Suecia. Y, en cualquier caso, una cantidad más que suficiente para el más ambicioso de los baños.

Sea como fuere, nadie puede discutir que los bosques son un tesoro y que Castilla y León es afortunada en ese aspecto. No solo por la extensión que ocupan sino por la variedad, antigüedad y calidad de muchos de ellos. La forma de disfrutarlos, siempre de manera responsable, será cosa de cada cual, pero los beneficios de un buen paseo es algo que nadie, en su sano juicio, puede negar. Aquí os sugerimos cinco bosques en los que hacer la prueba. Cinco joyas forestales, tal vez no demasiado conocidas, con las que comenzar la terapia.

1. MONTE HIJEDO (Burgos)

Es uno de los tres robledales más importantes de la Península, casi 2.000 hectáreas de bosque mixto –roble albar y haya– que se reparten entre los municipios de Alfoz de Santa Gadea, en Burgos, y Valderredible, en Cantabria. El Centro de Interpretación lo encontramos en el lado cántabro, en la localidad de Riopanero, pero la inmersión en el bosque la podemos hacer recorriendo el sendero señalizado PR-BU-30. El inicio se localiza en la carretera que une Santa Gadea con Los Riconchos.

 

2. ALCORNOCAL DE VALDELOSA (Salamanca)

Es el mayor de Castilla y León y uno de los mayores en extensión de la Península Ibérica, detrás de algún otro de Extremadura y Portugal. Con inicio y final en los antiguos lavaderos de la localidad, el paseo por este bosque tiene una longitud de siete kilómetros que pueden realizarse bien en unas dos horas. Sin desniveles apreciables y bien señalizado, discurre por pistas forestales aptas para recorrer en bicicleta.

 

3. PINAR DE VELILLA (Palencia)

El monte de El Pinar, en Velilla, alberga sobre sus laderas el único vestigio, junto al Pinar de Lillo, de los pinares autóctonos de pino silvestre que poblaron la Cordillera Cantábrica. Y darse un garbeo por su interior es tan fácil y apetecible como tomar el sendero señalizado que lo recorre en una pequeña parte. El inicio del recorrido hay que buscarlo junto a la colonia de vacaciones Ciudad del Brezo, a dos kilómetros de Velilla. El recorrido, circular y con una longitud total de 3,5 kilómetros, que pueden realizarse en una hora. Tiene forma de ocho y está señalizado. INFORMACIÓN: Parque Natural Fuentes Carrionas-Fuente Cobre (tel. 979 13 94 01/ 686 19 29 74).

 

4. SABINAR DE HORNUEZ (Segovia)

Este bosquete de sabinas apabullantes pasa por ser de los más notables de la Península. El bosque como tal toma cuerpo a un kilómetro escaso de la localidad segoviana de Moral de Hornuez, en el noreste segoviano, entre los yermos pedregales que tanto abundan entre las tierras de Maderuelo. Allí, en torno a la también más que notable ermita de Nuestra Señora de Hornuez, el sabinar ha perdurado lo suficiente como para que a algunas sabinas haya que tomarle la medida de su tronco entre varias personas.

 

5. HAYEDOS DE SAJAMBRE (León)

Este cuenco natural, uno de los dos valles leoneses que forman parte del Parque Nacional de los Picos de Europa, acoge entre sus laderas bosques de cuento y pueblecitos de los de antes. Hayedos profundos, apretados y húmedos repletos de rincones sorprendentes y ejemplares ciclópeos entre los que tiene sus fuentes el río Sella. El sendero PR PNPE–10 ‘Pueblos de Sajambre’ une las localidades de Oseja, Soto y Ribota en un espectacular circuito de diez kilómetros.