Si se habla de gastronomía leonesa, hay que hacerlo del cocido. Es uno de los platos que nunca fallan en la mesa durante los meses de invierno y que ayudan a superar las frías temperaturas que se registran en el territorio leonés. Eso sí, aunque este plato cada vez haya superado las barreras estacionales hasta convertirse en un fijo de cualquier temporada.
Entre los ingredientes que no pueden faltar en este tipo de cocido se encuentran los garbanzos de Pico Pardal, una variedad cultivada en la Maragatería (Astorga), y la morcilla leonesa.

Lo que realmente hace especial al cocido maragato es la forma en la que se come, ya que se sirve del revés. Primero, las verduras; y, por este orden, la carne, los garbanzos, y a continuación, la sopa.

Aunque esta manera de disfrutar del plato no es habitual en toda la provincia, la costumbre es originaria de los pueblos maragatos arrieros, que en sus desplazamientos portaban una fiambrera de madera donde guardaban la carne para su conservación. Cuando llegaban a sus paradas primero comían los alimentos fríos de su fiambrera y, para terminar, pedían al mesonero la sopa.

Otra de las leyendas que circulan en la provincia sobre esta manera de degustarlo cuenta que cuando los franceses poblaban estas tierras en el siglo XIX, ante una inminente batalla, optaron por degustar primero la carne y después, si les daba tiempo, la sopa, ya que era preferible que sobrase la sopa, que las preciadas carnes.

Una receta sencilla pero para la que se necesita una elaboración tranquila y reposada para que todos los ingredientes alcancen su máximo sabor.