Un pescado poco habitual en muchas zonas del país, es un indiscutible en la gastronomía de la ciudad burgalesa de Aranda de Duero, pese a extraño que parezca.

Y es que una tierra de lechazo y buen vino también tiene un espacio muy especial para este guiso del mar, muy apreciado por muchos.

El denominado Congrio a la Arandina es un plato que tradicionalmente ha acompañado las mesas y celebraciones en el corazón de la Ribera del Duero. Una receta que ha sido traspasada de generación a generación y sigue vigente hoy en muchos hogares de la ciudad. Su elaboración llegó a hacerse famosa gracias a los fogones de Eugenio y Seri, pareja de cocineros que regentaron durante décadas el Mesón de la Villa, en pleno centro de la ciudad arandina.

Conchi Amador aprendió de su madre cómo elaborar el congrio de esta forma tan típica. Su progenitora lo había conocido a través de la suya que, a la vez, también había heredado la fórmula de generaciones anteriores. Un tradicional guiso de pescado que algunos comparan con el congrio en salsa verde, pero en el que marca una clara distancia el protagonismo del azafrán y la ausencia de guisantes.

“El olor y el sabor del congrio a la arandina desde mi niñez siempre ha estado en casa, yo aprendí la receta y ahora mis sobrinos y mis amigos me piden que la haga cuando nos juntamos para una reunión familiar”, explica Conchi. De esta manera, se ha convertido en toda una experta en la elaboración de un plato “que es muy fácil y está buenísimo”. En cualquier caso, admite que cada cocinero tiene su manera o “truquillo” a la hora de plasmar las recetas. Para ella, según desvela, es indispensable pasar la salsa por la batidora para que quede “más fina y más suave”. Aficionada a la cocina, se siente orgullosa de seguir adelante con esta tradición de la gastronomía arandina que debe pervivir porque es “una clara seña de identidad”, y confiesa que ha pasado la receta a más de un interesado, tanto lugareño como visitante.