Cuatro Rayas entra en la recta final de su vendimia nocturna de una cosecha que espera que sea de calidad

 

Hasta un centenar de operarios vendimiando a la vez en diversas fincas del término municipal de La Seca (Valladolid), en pleno corazón de la Denominación de Origen Rueda. 2.500 hectáreas de terreno plantadas de vid de verdejo con un esperado rendimiento de 6.000 kilos por hectárea y una previsión de una cosecha recortada en el 16% con respecto al año pasado que aún se espera de calidad. Es el análisis matemático de una noche cualquiera en la cooperativa Cuatro Rayas (300 familias) inmersa desde hace algunas semanas en la vendimia nocturna que arranca cada día tras la escondida del sol.

Las máquinas se pierden entre el viñedo a espaldera con alturas que a veces se acercan a los dos metros. La uva duerme tranquila hasta que los abrazos de la máquina que pilla la línea de vid al medio, la zarandea para que caiga en el pequeño contenedor que lleva acoplado. El propio tractor absorbe los palillos y efectúa la primera limpieza a la uva. Y lo va haciendo despacio, mientras el conductor se sumerge entre la viña cuyos linderos no son más que los caminos y carreteras.

Desde allí, los remolques conducen hasta las instalaciones de la bodega cargados de una uva limpia, sin apenas raspón, y sudando ya el primer mosto de la temporada. Nada más caer en la tolva se sumerge en una nube deshidratada para que el producto no sufra ni se oxide y empieza el periplo hacia lo que en varios meses, un año o incluso dos, serán los nuevos vinos del mercado. La cooperativa elabora ochenta marcas distintas y todas con el mismo esmero, dicen, porque están exprimiendo el esfuerzo de los socios, muchos de ellos históricos, pertenecientes a una cooperativa que nació en 1935, en los prolegómenos de la Guerra Civil.

Vendimiar de noche, toda experiencia emocionante bajo un cielo de estrellas que, en ocasiones, pugnan por la luna por iluminar la labor de los vendimiadores. Espectacular. Alucinante.

Tu vendimia, nuestra vendimia