Celebrar cumpleaños se ha convertido en una costumbre culinaria en Burgos y el sushi japonés es una especialidad

 

Hay regalos y felicitaciones, mucho ruido y risas, ganchitos y refrescos. Y también sushi. Estamos en el cumpleaños de Irene, una jovencita que ha querido celebrar su undécimo cumpleaños de una manera diferente. En vez de videojuegos o payasos hay cazos, bandejas y utensilios de cocina. Es el InterClub de la Fundación Caja de Burgos y los niños van a cocinar.

En esta ocasión, son una veintena, todos ellos vigilados con mimo por tres voluntariosas monitoras que, a menudo, se lo pasan tan bien como los chavales. Ángela y las dos María sonríen cuando se les pregunta por la algarabía de la sala. «Son niños», aseguran, al tiempo que insisten en que se portan bien.

Esta vez ha sido la propia Irene la que ha elegido el sushi de entre todas las opciones que facilita el Interclub. Quizá sea porque la comida japonesa esté viviendo una edad dorada o, quizá, porque acaba de ver cómo se hace sushi en MasterChef Junior. ¿Quién sabe?

Irene y sus amigos se reparten en las cinco mesas de cocina repartidas por la sala y comienzan a preparar el sushi bajo las instrucciones de las dos María y Ángela.

Primero hay que hervir el arroz. Tras veinte minutos de cocción, hay que esperar a que se enfríe mientras en otro recipiente se mezcla el vinagre con el azúcar. Ese mejunje, explican las monitoras, es lo que hace que el arroz mantenga una textura tan particular. Son los niños los que añaden la mezcla al arroz con sus propias manos. Y lo prueban, para certificar que está bueno.

Sushi relleno de…

Pero solo con arroz no se hace sushi. Hace falta algo más de sustancia. En ese momento entran en juego el resto de ingredientes. Palitos de marisco, mayonesa, aguacate o lo que se tercie. Una rápida preparación y llega el momento clave, el de enrollar todo en las algas, un trabajo que también hacen los propios chavales. Enrollar, apretar y seguir enrollando, una fórmula sencilla de plantear, pero no tan fácil de ejecutar.

Sin embargo, Irene y sus amigos, que se han ido repartiendo las tareas, han superado la prueba con nota. Y es que, según explica Ángela, «el sushi es quizá la receta más difícil» de las que se realizan en este programa del Interclub. Y la menos habitual, por cierto. «Normalmente hacemos magdalenas, trampantojos o bizcochos», añade.

Y mientras tanto, los padres de las criaturas pueden estar tranquilos. Así lo reconoce Íñigo, el padre de Irene, que tras organizar la llegada de los invitados, deja a los muchachos solos con las monitoras. «Es muy cómodo», aseguran tanto él como los padres de algunos de los invitados. Invitados que, probablemente, acaben siendo en algún momento anfitriones. Y es que «a los niños les gusta» y suelen repetir cuando les llega el turno de cumplir años.