Alfredo Maestro, elaborador de quien dice Peñín que trabaja con prácticas antiguas y cerebro del siglo XXI

 

El de Alfredo Maestro Tejero es un proyecto en el que el creador de la guía de vinos más prestigiosa de España, José Peñín, ha puesto su punto de mira. Interesado ahora por aquellas singularidades del mundo del vino que se salen de lo convencional, como es el caso de Maestro, Peñín asegura de él que es de esos vitivinicultores «que trabajan con prácticas antiguas con un cerebro del siglo XXI».

La bodega de Maestro está en la localidad vallisoletana de Peñafiel, en plena Ribera del Duero, donde fermenta su catálogo de 16 vinos. Pequeñas producciones de majuelos que suman 27 hectáreas de variedades autóctonas, diseminados por zonas como la Duero-Duratón, Sierra de Gredos, Cigales y un picón madrileño. En la mayoría de casos cepas viejas rescatadas del abandono. Su vino es su aval. Embotella la identidad de cada zona sin acogerse a denominaciones de origen para hacer lo que desea.

Maestro ejercía como director financiero en Bilbao hasta que un buen día se volvió a su pueblo a desarrollar su pasión: el vino. Vinos libres de químicos e incluso de intervención mecánica en la viña, donde practica la biodinámica. Una forma de hacer pretérita para vinos del presente, como Viña Almate, la referencia de mayor tirada, un tinto tempranillo de uvas de Valtiendas y Peñafiel. También con tempranillo de Valtiendas encorcha Tinto Castrillo de Duero, y, con garnacha de Gredos, El Marciano.

Lovamor es un blanco albillo de viejos majuelos, mientras que de dos vendimias espaciadas surge el madrileño A Dos Tiempos, mestizaje de tinto fino y garnacha. De esta última, a medias entre Gredos y Peñafiel, nace El Rey del Glam.

De Valtiendas es la moscatel de Alejandría del blanco dulce The Thing-La Cosa, mientras que más castizo suena el madrileño tinto La Viñuela, tempranillo y garnacha a partes iguales.

Consuelo es un blanco de albillo mayor con crianza, de cepas ribereñas, y, Amanda, un rosado fronterizo de garnacha tintorera en los límites entre Valladolid, Burgos y Segovia.

La Asperilla y La Olmera son tintos finos del entorno de Peñafiel, con aportaciones de albillo, moscatel, palomino…, el primero. Peñafielense es también la garnacha de Viña Almate, y tintorera de la misma procedencia la garnacha que aporta un 5% al Brut Rosé, espumoso rosado con pinot noir de Cabanes, Castellón. Merlot de Sardón de Duero para 46 Vendimias.

Y en Cigales Maestro recolecta el ‘mix’ de uvas con el que hace el clarete Parcela de Sobrecasa, un vino del que Peñín, al probarlo recientemente en bodega, exclamó: «¡Esto, esto, esto es el Cigales!», rememorando el vino que se hacía antaño en la zona.