Los pinchos de La Eskabetxina vallisoletana, el mejor pretexto para disfrutar en la barra

 

«Destrozo o estrago» es la definición que encontramos en el diccionario cuando consultamos la palabra escabechina. Pero más allá de esta primera lectura, lo que ofrece el restaurante vallisoletano La Eskabetxina, además de un evidente cambio en su grafía, es una vuelta de tuerca al concepto de gastronomía tradicional.

En el establecimiento puedes encontrar en su carta un bao castellano de lechazo, mascarpone e hinojo; un tataki de atún rojo de Balfego; una carrillera ibérica estofada con crema de bacalao; unas croquetas de la Mari o una torrija caramelizada de pan brioche. «Queríamos ofrecer algo diferente a lo que se encuentra alrededor», explica Victoria Díaz, una joven emprendedora que abrió las puertas de su propio negocio hace apenas cuatro meses, en el centro de Valladolid. Un salto meditado después de dedicarse durante varios años a la hostelería. «El tener tu propio negocio te da más libertad», resalta. Y en este punto de incorporación de nuevos elementos, insiste, «no se trata sólo de sentarte y comer o cenar, sino de potenciar las tapas y pinchos para quienes hacen rutas de tapeo». Por este motivo, apuestan también por los vinos y cervezas para acompañar cada experiencia gastronómica. Desde ahora, además, contarán con un cañero de cerveza especial.

Cervezas artesanales

Se trata, según explica Victoria, de ofrecer las cervezas artesanales Ambiciosas Ambar. «Son ediciones limitadas que sólo tendremos nosotros y con las que además queremos organizar alguna cata», subraya. Tampoco faltan las jornadas gastronómicas. Acaban de finalizar las de la carne y preparan ya las de arroz con bogavante.

En un ambiente en el que se mezcla el aire industrial del salón, con capacidad para 79 personas, con el rústico de las maderas en barra, hay lugar también para objetos familiares. «Es una fusión de vintage e industrial», resume Victoria mientras señala un pequeño televisor antiguo, una radio, una cámara de fotos o una bicicleta. Todas las piezas van encajando para satisfacer la exigencia que, reconoce, define al cliente vallisoletano, aunque el empuje turístico acerca también a curiosos desde diferentes puntos de la geografía española. «Del País Vasco suelen venir bastante. Les llama la atención el nombre», explica la propietaria. Además de las comidas, cenas y su fuerte apuesta por el tapeo, los desayunos –dulces y salados– no pasan desapercibidos para sus habituales. «La verdad es que estamos contentos con la acogida. Pero vamos poco a poco», resume.

Restaurante La Eskabetxina