Los bodegueros crean un mundo imaginario alrededor de su obra para hacer más atractivo el producto

 

Cuenta la leyenda que el vino Robert Smith Maceración Carbónica iba en un cargamento que se hundió en el mes de noviembre de 1915 frente a las costas del norte de Europa. El cargamento había sido enviado por el explorador Robert Smith, personaje con conocimientos de cartografía, botánica y geología, que se había dejado sorprender por la gran variedad de ‘vitis vinífera’ que encontraba durante sus viajes por medio mundo.

De padre escocés y madre española, Robert Smith nació el 29 de abril de 1836 en Escocia y falleció el 8 de septiembre de 1916 en España. Su muerte sigue siendo un misterio. «De lo que sí se tiene certeza, es que dejó muchas anotaciones y apuntes bajo el título de Robert Smith Family Wines, que su viuda custodió con celo durante años, hasta que vieran la luz en una subasta años después», relatan Roberto del Campo y Miguel Herrero, que han logrado reproducir una réplica de aquel vino de leyenda. Ellos han recuperado el legado de este personaje para producir unas 500 botellas al año con el método de maceración carbónica, utilizado hasta el siglo XVIII como único sistema de elaboración, convencidos de que se avecinan buenos tiempos para este tipo de vinos.

Además de añadir muchas dosis de imaginación para construir una historia alrededor de su vino, Roberto y Miguel han recurrido a uvas de la variedad tempranillo y syrah de la Denominación de Origen Cigales, una comarca que conocen bien. Es más, Roberto considera que «es una zona con mucho potencial y que no despunta», una zona que está todavía por descubrir. La aventura comenzó como una forma de «entretenimiento y de matar el gusanillo». Roberto del Campo, que se ocupa de elaborar el vino en una bodega de Mucientes, montó hace cuatro años la Microbodega Urbana, en la calle Francisco Zarandona de Valladolid, donde ha recuperado el ambiente de conversación pausada de las antiguas tabernas y donde se puede disfrutar de la gran diversidad vitivinícola que ofrece Castilla y León, y también el resto de España. Por su parte, Miguel Herrero fue el creador de esa leyenda tan atractiva y seductora como la del señor Robert Smith.

Roberto del Campo ha aportado la técnica. La maceración carbónica consiste en que las uvas fermenten en una atmósfera de dióxido de carbono antes de que sean prensadas. Es decir, la uva fermenta con el mosto en su interior, así que los vinos obtenidos tienen sabores más afrutados y con menos contenidos en taninos.

En este caso, Robert Smith se ha convertido en el primer tinto de maceración carbónica de la actualidad elaborado en la DO Cigales. No así en la DO Toro, donde Bodegas Fariña elabora su Primero con la variedad tinta de toro, ni en la DO Bierzo, donde José Luis Prada apostó por su Palacio de Canedo de Maceración Carbónica, desde sus inicios en el mundo del vino.

Los primeros del año

Se trata de los primeros tintos del año, más jóvenes incluso que los jóvenes. Roberto del Campo explica que le gustan estos vinos porque se consigue reducir bastante la acidez con respecto a la vinificación clásica, debido fundamentalmente a la desaparición parcial del ácido málico y a la disminución de la concentración de ácido tartárico.

También se dan la mano la técnica y mucha imaginación en El Cuentista de Bodegas PradoRey, toda una sorpresa y un pionero en la Denominación de Origen Ribera del Duero porque es lo que se conoce en francés como ‘blanc de noirs’, un vino blanco elaborado con uvas tintas. Cuando alguien está en pleno proceso creativo no hay quien le pare. Eso le ha sucedido al director técnico de Bodegas PradoRey, Francisco Martín San Juan, que se convirtió en uno de los primeros enólogos de la Ribera del Duero en sumarse a los rosados muy pálidos, similares a los de la Provenza francesa. Con la elaboración de Lía (un ‘blush rosé’) a partir de la variedad tempranillo, la bodega lanzó uno de los primeros rosados con una imagen fresca. A partir de ahí, el enólogo de PradoRey decidió avanzar en ese camino para llevar al extremo la falta de color. «Después de un año de reflexión y de experimentar, y sin ninguna intención comercial, decidimos elaborar el ‘blanc de noirs’ con la añada de 2013», explica Francisco Martín. Al principio, iban a ser 20 botellas que se convirtieron en 6.110 de la primera añada, la de 2013. Se trata de «un vino transgresor y con un punto de locura, porque es blanco a la vista pero está elaborado con uvas tintas de la casta tempranillo, encima se cría sobre lías de uva verdejo y, además, envejece durante nueve meses en barricas de roble americano», asegura.

Misterio

Después permanece un tiempo en botella, de manera que no salió a la venta hasta 2015. Otra característica que añade misterio al vino es que sólo se elaborará en añadas impares. Era más que oportuno crear una imagen desenfadada, un tipo con bombín y una larga corbata negra, y bautizar como El Cuentista un vino que no deja indiferente a nadie. De dotar al vino de una seductora y envolvente historia se ocupó Almudena García, responsable de márketing y comunicación de la bodega.

El vino se elabora con las uvas de los ocho pagos con los que cuenta PradoRey, elegidas entre las que han logrado mayor maduración para aportarle más estructura.

Hace más de diez años que Máximo San José de la Rosa se dejó seducir por el mundo del vino. Y lo hizo con la pasión que caracteriza a este sector. Para su primera creación pensó un nombre original y llamativo, y lo encontró. Se sumergió en un complicado proceso en el que también se dejó atrapar para elegir el nombre de su bodega, Divina Proporción. Es su hermana Cristina San José, periodista y que le ayuda en la comunicación, quien se ocupa del posterior argumentario. Después recurren al diseñador Carlos Mena, porque la imagen forma gran parte del mérito a la hora de vender vinos, sobre todo si se trata de una bodega nobel.

Magia

Máximo San José llamó a ese primer hijo enológico Abracadabra, una palabra cabalística a la que se le atribuyen efectos mágicos y encantamientos. No podía faltar en la etiqueta una bruja. «Es como el conjuro perfecto y, además, está atrapado en una botella», explica Cristina, antes de señalar que la palabra es muy similar en muchos idiomas indoeuropeos y, por lo tanto, permite romper fronteras, que es lo que también buscan los bodegueros para sus vinos. Cristina considera que «es una palabra muy versátil y atractiva que se liga a la magia de la elaboración del vino».

El resto de vinos de esta pequeña bodega familiar de la Denominación de Origen Toro tuvo el mismo nacimiento. Así, Madremía responde a una exclamación que denota alegría y emoción y que también es fácil de entender en el resto del mundo. Fueron rompedores porque eligieron la foto de un jabalí entre la niebla como etiqueta. «Es un poema visual, un misterio, intenta provocar la reacción del consumidor», añade Cristina.

Después llegó el vino 24 Mozas, el más joven de la familia de la Bodega Divina Proporción, inspirado en la canción popular Tío Babú, que se canta en todas las celebraciones de Toro, y que se reproduce en el corcho. La etiqueta es un mantón de Manila troquelado que simboliza la fiesta y los trajes de las mozas.

Los elaboradores de vino dejan volar la imaginación y construyen interesantes relatos alrededor de sus obras, de esta manera aportan magia al producto y despiertan el interés entre los consumidores.