Feliciana Alejandro, de 89 años, muestra con cariño la receta heredada de su madre Dorotea

 

Feliciana Alejandro Gutiérrez tiene 89 años, pero nada le frena para ponerse delante de la cocina.
Lo hace todos los días, aunque reconoce que nunca le ha gustado cocinar. Nadie lo diría por cómo se maneja en los fogones, con la destreza del mejor chef. «A la fuerza ahorcan si no, no comes», asegura sobre el trabajo desempeñado primero como madre y luego como abuela de familia.

Natural de la localidad zamorana de Arcenillas, en la comarca de Tierra del Vino, el bacalao es uno de sus platos favoritos. La receta tradicional, con pimientos y tomates, la aprendió de su madre, Dorotea. Entonces, el bacalao era comida de pobres, porque era lo más barato junto al chicharro, recuerda Feliciana, quien ha mantenido la receta en casa porque le gustaba mucho a su marido, Julián, y a sus hijos.

El bacalao es uno de sus platos favoritos como cocinera, y también como comensal, y lo prepara al ajoarriero, encebollado e incluso en tortilla, que también gusta mucho y tiene mucho éxito. Es de lo más rico que hace y de lo que más gusta en la familia, junto al rabo de toro, las sopas de ajo y las patatas con calamar.
Mientras parte la cebolla, el pimiento y el tomate y lo remueve todo a fuego lento, para que se poche bien, recuerda que antes arreglaba las chichas de la matanza a ojo y pocas veces tuvo que rectificar, dada era la habilidad que tenía.

Por la cocina pasan hijos, yernos, nietos y un biznieto. Van saliendo y entrando, todos en torno a ella. Admiran, aunque en silencio, la agilidad y viveza que mantiene pese a la edad. También los platos que prepara, seguros de que, aunque no le gusta mucho la cocina, lo que ella hace, nadie lo hace mejor.