Los maestros de sensaciones hilan fino en la cata a ciegas del Concurso Internacional de Vinos Bacchus, al que se presentan 1.735 muestras

 

Un leve murmullo interrumpe de forma intermitente el silencio, protagonista junto al vino de la sesión de catas a ciegas que ha ocupado durante cuatro días el impresionante Salón Real del Casino de Madrid. De estilo neorrococó, ilustrado con imágenes de naturaleza, danza y poesía en su techo de 12,5 metros de altura y del que cuelgan unas deslumbrantes lámparas de araña, este emblemático lugar se ha convertido en el escenario del XVI Concurso Internacional de Vinos Bacchus 2018.

A diferencia de la Torre de Babel, las lenguas que se escuchan no confunden sino que confluyen y facilitan la comunicación sobre las primeras impresiones de los 1.735 vinos que se han catado durante los cuatro días del certamen. Predominan los comentarios en inglés, francés y, con una sonoridad más acentuada, en español.

El punto de partida de la cata a ciegas nos conduce a una primera sala que guarda las muestras recién llegadas en palés. Para asegurar su anonimato, están ya clasificadas con un código fijado en el almacén. Y comienza el ritual, que se repetirá durante las cuatro jornadas. Sobre una mesa alargada se disponen cada una de las botellas vestidas con una opaca tela negra, para disimular su silueta, correspondientemente etiquetadas y que serán servidas a cada una de las mesas.

Al lenguaje verbal, que actúa de elemento vehicular para la comunicación de los 84 catadores de 21 países, se suma también el corporal. Los movimientos rápidos se intercalan con otros más reposados en cada fase del proceso, la visual, la olfativa y la gustativa. Distribuidos en mesas de seis, periodistas especializados, sumilleres, enólogos, Masters of Wine… son los encargados de evaluar y reconocer la calidad de los vinos presentados. Un variado y ecléctico jurado que hace único este certamen, como apunta Fernando Gurucharri, presidente de la Unión Española de Catadores (UEC). «La variedad de los paneles refleja la variedad de compradores en el mercado. Todos componemos esta cadena con el objetivo final del disfrute del consumidor», explica. El rictus facial delata, en algunos casos de forma más sutil, las sensaciones que perciben los catadores. Hay quien frunce el ceño o parpadea repetidamente; hay quien agita levemente la cabeza o la inclina hacia delante, como si quisiera memorizar el momento, y hay quién esgrime una leve sonrisa y cierra los ojos. Todos siguen el mismo proceso, el que dicta una cata, pero cada uno, maestro de sensaciones, interpreta y valora en función de la educación de sus sentidos.

Para la alemana Monika Christman, presidenta de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), «el olfato es muy importante», aunque con el gusto es con lo que más disfruto, detalla.
Según la británica Julie Buckley, del MajesticWine Warehouses, «los aromas y la calidad de la uva son muy importantes, pero el balance final es determinante».

Castellanos y leoneses

En esta muestra internacional, encontramos también representación de Castilla y León, entre los invitados está José Antonio Fernández, director del Concurso Internacional de Vinos Zarcillo que en la misma línea añade. «Quizá la palabra que mejor liga para decir que un vino está completo es el equilibrio en todos sus sentidos, visual, olfativo y gustativo».

Y la salmantino-zamorana Almudena Alberca, directora técnica de Viña Mayor, recomienda no hacerse una opinión previa. «Las catas a ciegas te hacen libre porque no estás sujeto a ideas preconcebidas sobre precios y marcas». Sobre la mesa, acompañan unos platos con colines de pan que, junto al agua, ayudan a limpiar un poco las sensaciones en boca.

Otro de los elementos claves es la ficha de análisis sensorial que cumplimentan. Vinos tranquilos (blancos, rosados y tintos), vinos de aguja, espumosos, de licor, de uvas sobremaduras y uvas pasificadas son las clasificaciones que corresponden a la distribución por muestras de cada categoría. Siguiendo el compás de los sentidos, el jurado decide con sus puntuaciones las medallas Gran Oro, Oro y Plata. En esta ocasión, el máximo galardón fue para diez vinos, siete españoles y el resto de Eslovaquia, Baja California y Portugal. Y de los nacionales ganadores, la presencia de la región en la primera categoría llegó de la mano del 61 Dorado, de la DO Rueda.