Árboles centenarios y hermosas dehesas en un bucólico paseo por la burgalesa Sierra de la Demanda

 

El roble de la Laguna de la Cantera era bellota cuando Alfonso X el Sabio componía sus primeras “Cantigas”. Más o menos. Y Gonzalo de Berceo le daba caña a sus “Milagros de Nuestra Señora”. En Burgos colocaban las primeras piedras de su catedral pensando en un estilo constructivo moderno y atrevido llamado gótico y en las Navas de Tolosa se daba el espaldarazo definitivo a la Reconquista cristiana. También se sentaban las bases de la que sería la organización sectorial con más poder económico durante los siglos posteriores: la Mesta.

El roble de la Laguna de la Cantera es uno de los seres vivos más longevos de toda la Península Ibérica. Y ahí está, sin un mal cartel que indique su dirección postal y guíe a los caminantes que quieran postrarse a sus pies para rendirle el respeto y la admiración que cualquier ser viviente merece, o quieran hacerle llegar una carta. Más si se estima que ese ser vivo lleva en el planeta Tierra desde hace 800 años. Si el roble de la Laguna de la Cantera hubiera tenido la suerte de nacer en otro país es bastante probable que a estas alturas de su vida estuviera considerado monumento nacional, tuviera atención botánica permanente y los colegios llevaran hasta él a sus alumnos para ver en persona cómo el milagro de la vida puede perpetuarse casi eternamente si se dan -o se procuran- las condiciones necesarias.

Pero el roble de la Laguna de la Cantera está donde está, en el interior de una maravillosa dehesa boyal que los vecinos de la localidad de Huerta de Arriba han cuidado con mimo durante siglos -más o menos los mismos que tiene el roble. Y puede que incluso muchos piensen que ha llegado a semejante edad precisamente por su condición anónima para el resto del planeta aunque muy bien conocida y valorada por los vecinos de toda la zona.

Sea como fuere, lo cierto es que este roble es tenido por el más longevo de la provincia de Burgos y, a buen seguro, uno de los más viejos de España. Quienes lo han medido hablan de un perímetro de casi 12 metros y una altura hasta la copa de quince metros y medio: un auténtico Goliat que desde su posición privilegiada en el medio del bosque las ha visto pasar de todos los colores -incendios, tormentas, nevadas de órdago, guerras, enfermedades, hongos, parásitos, sequías, inundaciones… Y sin embargo tampoco puede considerarse como un milagro. Resulta que en la dehesa donde vive los árboles centenarios no son ninguna excepción y si la edad, tamaño y dimensiones de este roble asombran, el ejército de árboles grandes, robustos y viejos como pilares de catedral dejan con la boca mucho más que abierta: desencajada del pasmo. Por eso las dehesas de Huerta de Arriba y Tolbaños de Abajo, en plena Sierra de la Demanda, aparecen siempre como las que poseen el conjunto de árboles centenarios más centenarios y enormes de toda Castilla y León.

Las dehesas, todas las dehesas, son el ejemplo de cómo el hombre y la naturaleza pueden caminar juntos intercambiando favores. Porque las dehesas son el bosque domesticado, el bosque sometido al cuidado de generaciones y generaciones con el fin último de obtener un beneficio mutuo. A la larga y en el día a día. Porque la esencia del sistema de adehesamiento de propiedad comunal está en el cuidado del bosque, aclarando las espesuras, seleccionando los mejores ejemplares, dejando espacio y luz para que los nutrientes alimenten a todos. La dehesa es el bosque mimado al que se quita maleza, se abona, se poda y se cuida como un tesoro del que, también durante generaciones y generaciones, dependió la vida de muchos pueblos. Porque de las dehesas, como de algunos animales, también se aprovecha prácticamente todo. Dependiendo de la especie arbórea dominante, el fruto de los árboles para alimentar personas y ganados, el suelo despejado de maleza como pasto para el ganado, la madera de las podas como leña y materia prima de la que sacar utensilios y muebles.

Es así como el establecimiento de estas dehesas boyales -es decir, especialmente pensadas para el pastoreo del ganado vacuno- surgieron casi al mismo tiempo que, tras la Reconquista, comienzan a surgir los pequeños núcleos rurales de repoblación. Acotar y cuidar determinadas extensiones del bosque era garantía de prosperidad para el futuro y una necesidad para poder mantener las cabañas ganaderas. También fue una forma efectiva de mantener a salvo estas islas de prosperidad ante la voracidad insaciable de los rebaños de la Mesta, capaces de arrasar con bosques enteros y campos de cultivo. Más teniendo en cuenta que estas poblaciones de la Demanda gozaron de una gran tradición trashumante, moviendo por la Península sus grandes rebaños de merinas en busca siempre de pastos frescos y tiernos.

La dehesa de Huerta de Arriba abarca en la actualidad unas 440 hectáreas de un espectacular bosque en el que prosperan acebos, hayas, pinos albares y, sobre todo, robles rebollo y albar. Y, a pesar de que los cuidados que requiere una dehesa como esta, con casi mil años de antigüedad, ya no pueden realizarse con la energía y frecuencia que se hacían cuando estas poblaciones tenían muchos más habitantes y más jóvenes, aún hoy es posible disfrutar de un sorprendente paseo por su interior. Especialmente, por la cantidad y dimensiones de los robles centenarios que atesora.

Para conocer al más anciano de todos, El roble de la Laguna de la Cantera, hay que salir de Huerta de Arriba por la carretera que, tras pasar por delante del ayuntamiento, sale hacia La Rioja. A los tres kilómetros, justo antes del límite con esa comunidad autónoma, se abre por la izquierda de la carretera una pista forestal a la que se accede por un paso canadiense. Puede ser este el punto para dejar el vehículo. Mil trescientos metros más adelante, y tras dejar por el camino un largo puñado de robles centenarios, la pista alcanza un pequeño claro presidido, al borde mismo del sendero, por el roble de la Laguna de la Cantera, inconfundible por la enormidad de un tronco que aparece quemado en una de sus caras (N42 07.983 W3 05.015). Este paseo delicioso puede prolongarse otro kilómetro más por el camino hasta conectar con la pista que une Huerta de Arriba y Monterrubio de la Demanda. Si se toma esta hacia la izquierda, se alcanza en 2,4 km más la carretera que, de nuevo hacia la izquierda, lleva en 800 metros hasta Huerta de Arriba.