Aunque es un producto propio de la huerta mediterránea, no es difícil encontrar el cultivo en los pequeños sembrados domésticos de Castilla y León

 

Es un producto propio de la huerta mediterránea, pero muy habitual en cualquier mercado de Castilla y León y, sobre todo, en esta tierra el calabacín se cultiva en los pequeños huertos domésticos de los que disfrutan de un terreno en el pueblo o, incluso, en la urbanización.

En la cocina ofrece una amplia gama de posibilidades. Rellenos, en crema o puré o pisto, fritos, asados o hasta en confitura. Además del fruto de la planta, también se pueden consumir sus flores, que pueden presentarse como acompañamiento de otros alimentos o constituir un plato por sí mismas. Se pueden preparar de formas muy diversas: cocidas, asadas, fritas o incluso rellenas.

El calabacín es una hortaliza de verano aunque se puede adquirir durante todo el año. No obstante, los ejemplares más sabrosos son los que se recogen entre los meses de julio y septiembre e, incluso, octubre. Es una hortaliza que se recolecta tierna, sin haber alcanzado su tamaño definitivo para facilitar su consumo. Es más, cuando son demasiado grandes, y pueden hacerse espectaculares, son duros, con muchas pepitas y más inadecuados para la elaboración de platos. En este último caso deben pelarse siempre y, cuando son pequeños y tiernos, pueden consumirse bien lavados enteros o con parte de su piel que da un color verde más intenso a las cremas o purés.

Lo mejor es elegir ejemplares firmes al tacto, compactos, pequeños o medianos, sin manchas en la piel y pesados en relación a su tamaño, lo que indica que están bien llenos.

La intensidad del verde que presenta la piel no influye en la calidad de la pieza, ello se debe a la variedad a la que pertenece el calabacín. Es una hortaliza de la familia de las cucurbitáceas que comprende unas 850 especies de plantas, en su mayoría herbáceas, trepadoras o rastreras, que producen grandes frutos protegidos por una corteza. La sandía y el melón pertenecen a ella, al igual que el pepino o la calabaza.

Puede conservarse en el frigorífico en buenas condiciones durante un par de semanas. También se pueden conservar congelados; pero, para ello, deben escaldarse en agua hirviendo durante unos cinco minutos.

El origen del calabacín

El origen del calabacín no está claro. Los diversos vestigios apuntan tanto a Asia Meridional como a América Central. Parece estar más claro, en cambio, que es una planta cultivada en todas las regiones cálidas desde tiempos inmemoriales. Existen pruebas de que los egipcios consumían calabacín y, después, los griegos y romanos. No obstante, quienes extendieron su cultivo por las regiones mediterráneas fueron los árabes, donde ya en la Edad Media se convirtió en un alimento que llagaba a las mesas de forma cotidiana. Al norte de Europa llegó más tarde; su consumo no tuvo lugar hasta la II Guerra Mundial. Hoy en día forma parte de la gastronomía de todos los países del Mediterráneo, Holanda y EE UU. España, junto a Marruecos e Italia, es uno de los principales países productores.

El calabacín es sobre todo una buena fuente de minerales, en particular de potasio, además de presentar pequeñas cantidades de magnesio, fósforo y hierro.

El potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal. Además, actúa en el equilibrio acuoso dentro y fuera de la célula. El magnesio juega un papel importante en la formación de huesos y dientes, se relaciona con el funcionamiento del intestino, nervios y músculos, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante.

Esta hortaliza contiene además unas sustancias denominadas mucílagos, un tipo de fibra que suaviza y desinflama las mucosas del aparato digestivo.