Tanto el blanco como el triguero son ricos en fibra y muy adecuados para las dietas de adelgazamiento

 

Es un buen aliado de las dietas para adelgazar por ser uno de los vegetales más diuréticos y con menos calorías y mucha fibra lo que tiene un importante efecto saciante. Junto con la zanahoria, el diente de león y las espinacas contiene becatacaroteno lo que resulta muy beneficioso para las arterias, piel, vista y estómago.

Los mejores meses para su consumo fresco son de abril a junio; aunque se encuentran en conserva todo el año; incluso los verdes y morados.

La clave para elegirlos está en seleccionar aquellos que estén rectos, firmes, con tamaño uniforme y con las puntas cerradas. También es importante elegir manojos que estén refrigerados o en hielo porque el espárrago se deteriora rápidamente. Por ello, es bueno utilizarlos en los tres primeros días después de la compra y conservarlos con los tallos metidos en agua.

Para prepararlos hay que enjuagarlos con agua templada y cortarles los extremos del tallo. Y, con ayuda de un pelador, retirarles la primera capa de la parte menos tierna. Después, solo queda cocinarlos y en la variedad está el gusto porque acompaña más que bien multitud de platos, carnes, aves y pescado o marisco y pueden hasta rebozarse.

La forma más sencilla de prepararlos es cocidos para disfrutarlos simplemente con un poco de aceite de oliva virgen extra; pero también con la tradicional salsa de mayonesa o vinagreta. Se puede hacer tortilla con ellos, agregar a sopas, ensaladas en todas sus variedades incluida la conocida como rusa, arroces, huevos, pasta o en la menestra. Aunque cuando son blancos, buenos, gruesos y de calidad, lo mejor es disfrutarlos solos. En cuanto a la cocción, los espárragos blancos se deben poner en una cazuela cubiertos con abundante agua a la que se le añade una pizca de sal durante unos diez o doce minutos. Después se escurren y están listos para servir.

Y para buena tierra de espárragos, las dos tudelas, la de Valladolid y la navarra, regados por el Duero o el Ebro. La producción castellana es más restringida pero extraordinaria, refinadamente dulces, de sabor delicado y con un amargor sutil. Que sean españoles es una garantía de calidad; pero hay que fijarse muy bien en la etiqueta no en el nombre del producto.