De León o Zamora, son los más demandados en Castilla y León, aunque cada vez se importan más

 

Casi ni un ‘pero’ a las legumbres. Son sanas, son ricas y ofrecen muchísimas posibilidades culinarias. Ya no son el plato pobre en la mesa sino todo un lujo; aunque cada vez cueste más encontrarlos de la tierra, de León o Zamora, y muchas son importadas. Y el garbanzo no es una excepción, sabroso no solo en el tradicional cocido –y para cocido, el maragato– sino en ensaladas con tomate, cebolla, huevo cocido y atún (por ejemplo), o con verduritas, o el cada vez más valorado hummus, falafel, hamburguesa de garbanzos con polenta o revuelto con huevo. Baila bien con el pimentón, con aceitunas y pepinillos, con el aceite de oliva o, simplemente, refrito una vez cocido en una sartén y con algo de chorizo o jamón o los restos del cocido, la llamada ‘ropa vieja’, mejor que mejor. Y cuando los peques no lo aprecian, qué se le va a hacer, con ketchup suele ganar puntos. Y, desde luego, el potaje de garbanzos con espinacas y bacalao es uno de los platos más ricos, ya no solo de sabor, sino desde un punto de vista nutricional.

El consumo de esta leguminosa viaja a tiempos prehistóricos y en las excavaciones arqueológicas se han encontrado rastros en Sicilia o en Suiza. No faltó en los jardines de Babilonia y era común en el antiguo Egipto. Los romanos lo apreciaban y consumían, lo atestiguan hallazgos en las ruinas de Pompeya. Esta vez no fue un regalo de América a la cocina española sino al revés y se introdujo en aquellas tierras, donde es muy consumido y apreciado, en el segundo viaje de Cristóbal Colón. De hecho, buena arte de los consumidos ahora en Castilla y León proceden de México.

Los garbanzos no tienen gluten, su contenido en hidratos es alto y son de absorción lenta. Al ser su fibra dietética, los garbanzos sirven para reducir los niveles de colesterol malo en sangre y, a su vez, es bueno para disminuir la presión arterial y la cantidad de triglicéridos. Las personas que tienen anemia ferropénica (por problemas en la cantidad de hierro), pueden contar con esta legumbre que supone un buen aporte.

Además es un alimento bastante fácil de digerir por lo que produce menos flatulencia que otras legumbres como las judías. Es este tal vez el único ‘pero’. No obstante, eliminando el pellejo, con un pasapurés, se evita este problema. También se recomienda para los que practican mucho deporte y tienen un gran desgaste de ese mineral y son además una gran fuente de potasio, siendo muy buenos para mejorar la circulación, regular la presión arterial y está recomendado en aquellos que sufren de hipertensión.

 

Desde Turquía hasta conquistar el mundo

El origen del cultivo del garbanzo se localiza en el suroeste de Turquía. Desde allí, se extendió muy pronto hacia Europa, especialmente por toda la zona mediterránea y más tarde llegaría a África, fundamentalmente a Etiopía y también a América donde sobre todo se cultivó en México, Argentina y Chile; también en Australia. Se ha podido comprobar la existencia de 40 especies de garbanzos extendiéndose desde Turquía, Israel y Asia Central.

De los pocos más de diez millones de hectáreas que se siembran de garbanzos en el mundo, aproximadamente siete se cultivan en la India, seguido de Pakistán y Turquía. En Latinoamérica, la mayoría del cultivo se produce en México. En Europa, los principales productores son España, Italia y Portugal.