Álvaro Palacios y su sobrino Ricardo Pérez cumplen su sueño y mantienen su compromiso con El Bierzo con una nueva bodega en Corullón

 

Cuando José Palacios Remondo compraba sus vinos a granel en Alfaro (La Rioja), en el momento en el que le iban a poner sobre la mesa el mejor, se lo anunciaban asegurando que «ahora viene la faraona, que es lo más rico de la casa». Así se lo contaba a Ricardo Pérez Palacios su abuelo, como antes había hecho con sus hijos. Ese es precisamente el nombre que eligieron Álvaro Palacios y su sobrino Ricardo para su mejor vino de la Denominación de Origen Bierzo, La Faraona. Un vino muy especial del que solo se elaboran mil botellas al año y que en su añada de 2014 ha recibido 100 puntos del catador Luis Gutiérrez para la prestigiosa revista ‘Robert Parker Wine Advocate’. El primero y único de El Bierzo que recibe la máxima puntuación.

La Faraona se elabora con las uvas de una sola parcela que fue bautizada también con ese nombre y que se sitúa en el paraje El Ferro, un viñedo de unos 70 años situado en una inclinada ladera de entre 800 y 860 metros de altitud, que está partida por una falla tectónica y posee suelos llenos de minerales volcánicos, mezclados con la pizarra. Ahora La Faraona cuenta con un lugar más adecuado para reposar antes de salir al mercado a un precio de entre 600 y 800 euros.

Pero para comprender esta puntuación hay que comenzar la historia desde el principio. El enólogo Álvaro Palacios, uno de los nueve hijos del fundador de la bodega Palacios Remondo en 1945 en Alfaro decidió apostar por la Denominación de Origen Bierzo en 1999 y lo hizo junto a su sobrino Ricardo Pérez Palacios. Su primer vino berciano se elaboró en Castro Ventosa, gracias a su amigo Raúl Pérez, pero al año siguiente alquilaron una pequeña bodega de piedra en el casco urbano de Villafranca del Bierzo en la que han producido sus vinos hasta 2016.

Las uvas de la cosecha 2017 de la bodega Descendientes de J. Palacios ya fermentan en el nuevo edificio diseñado por el estudio de Rafael Moneo (1937, Tudela, Navarra). Preside el paisaje en lo más alto del término municipal de Corullón, en un paraje denominado Chao do Val, en las inmediaciones de la carretera local LE-5250 de Villafranca del Bierzo-Sobrado. Los enólogos han elegido este paraje porque está situado muy cerca de los viñedos de donde proceden las uvas de sus vinos más emblemáticos: el paraje de La Faraona y las parcelas de Las Lamas y Moncerbal.

Edificio del arquitecto Rafael Moneo

El arquitecto Rafael Moneo se encargó de rehabilitar el antiguo monasterio de los Jerónimos de La Mejorada, en el término municipal de Olmedo (Valladolid) para la bodega familiar que lleva su nombre. También aceptó el encargo de la familia Chivite para su Pago Señorío de Arínzano (Arínzano, Navarra). De manera que la bodega Descendientes de J. Palacios es su tercer proyecto enológico. El propio arquitecto ha destacado de su obra que «subrayamos la hermosura del paisaje y a la vez convertimos la arquitectura en celoso guardián de la vida de los vinos». En efecto, uno de los objetivos de Álvaro Palacios y Ricardo Pérez Palacios era que los mejores vinos, como La Faraona, puedan reposar y evolucionar a 20 metros bajo tierra, como en los viejos calados y cuevas subterráneas. «Es la realización de un sueño, criar los vinos en la profundidad del terreno, en la temperatura fría por naturaleza», dicen.

La nueva construcción se encuentra a 726 metros de altitud y se levanta como un imponente balcón sobre el valle de Corullón. La bodega está dividida en tres edificios comunicados entre sí en los que se aprecia el recorrido del vino, desde la entrada de la uva en la zona más alta, donde se selecciona antes de pasar a los depósitos de fermentación, que se encuentran a un nivel más bajo, a la misma altura que la zona social y de oficinas, así como la de embotellado y etiquetado. En la planta más baja semienterrada descansan las barricas. Los arquitectos han aprovechado la inclinación del terreno para diseñar esos tres cuerpos de hormigón a diferentes alturas que se comunican mediante patios, pasillos y maravillosas escaleras trazadas por el mismo Moneo. De esta manera dan respuesta a la necesidad de que todo el proceso de elaboración sea por gravedad.

Cuenta con una superficie construida de 7.200 metros cuadrados y otros 4.500 enterrados para la sala de barricas con la pared de pizarra a la vista. Los materiales utilizados en el exterior son el hormigón visto, la madera de castaño, el zinc, el aluminio y el vidrio, presente en un gran mirador que se asoma al valle de Corullón, la luminosa sala de catas y la zona social y de oficinas.

Este año han introducido 440.000 kilos de uvas. Poseen 45 hectáreas de viñas viejas en una zona muy atomizada de minifundio, el 90% de más de 60 años y algunas de 120. «La falta de profesionalización ha permitido que se mantengan estos viñedos viejos en los que la variedad base es la mencía, pero junto a ella hay muchas otras castas tintas y blancas», señala Pérez Palacios. Se trata de viñedos plantados en terrenos con tanta inclinación que recurren a caballerías (caballos, mulas, machos y burro zamorano) para las labores de labranza.

Ricardo Pérez Palacios llegó al Bierzo con 23 años, después de estudiar Enología en Francia y de trabajar también en Chile y Argentina. En Borgoña aprendió la jerarquía de vinos regionales, de villa o pueblo, de paraje o parcela, de manera que así están organizados sus vinos en la DO Bierzo. En la actualidad, como vocal del Consejo Regulador ha conseguido trasladar esta filosofía a la Denominación de Origen. Asegura que quien más influyó en su profesión fue su abuelo José Palacios Remondo. «Todos los domingos, cuando éramos pequeños, nos llevaba a ver pájaros y a buscar fósiles, en plena naturaleza. Al final, el amor por la naturaleza se junta con la pasión por el vino», explica el enólogo. De hecho, vive en Corullón en la Granja Escuela Cando, en la que se imparten cursos y talleres de viticultura, de elaboración de quesos, pan con masa madre, cerámica, vino casero y plantas silvestres. Convive con los animales, que luego utiliza en el campo, tiene su propia huerta, hace matanza, botillos y chorizos. Ricardo Pérez Palacios es uno de los defensores de la agricultura biodinámica.

Su vino más conocido es Pétalos, elegido por la revista de Parker como uno de las mejores referencias españolas por su relación calidad precio (92 o 93 puntos). El precio ronda los 15 euros. Hoy en día representa el 90% de la producción de la bodega, Pétalos ha pasado de 20.000 botellas a las 350.000 actuales. Esa evolución ha obligado a los bodegueros a pensar en un nuevo edificio de mayores dimensiones, que ya es una realidad.