Uno de los referentes de la gastronomía, con mucha importancia en Castilla y León, es el pan

 

Harina de cereales, sal y agua. Sencillo pero cada vez más difícil encontrar un pan con calidad. Especialmente desde que la opción más habitual de las panaderías es optar por el precocinado, simplemente horneado poco antes de su puesta a la venta. Este hábito, y otros similares, acabó con los madrugones de los panaderos y también con la pieza de calidad. Para mantener su frescor, y que no se endurezca durante más tiempo, a la mayoría de los panes, salvo cuidadosas tahonas y panaderías que miman su oferta, le aportan algún tipo de grasa y no precisamente un saludable aceite de oliva. De esta forma, cada vez es más difícil encontrar un verdadero pan, el de cereal, agua y sal y punto.

Sin embargo, precisamente la pérdida del producto originario hace que el pan, con grasas, no sea un alimento muy recomendable; pero el de calidad, el de toda la vida, es sano, aporta hidratos de carbono necesarios para el cerebro, el corazón y para no sentirse cansado y sin grasas aporta unas calorías que no son excesivas y produce saciedad. Además, no es lo mismo comer pan para untarlo en una salsa o el tocino del cocido que un bocata de anchoas, con lechuga, tomate y cebolla. Lo que engorda no es solo el pan, es más bien lo que lo acompaña.

Eso sí, hay que buscar la panadería adecuada y solicitar productos sin grasas, que los hay y suelen ser hasta más baratos; pero hay que pedirlos y valorarlos.