España es el principal productor de esta planta del sureste del país que se consume en todos los hogares en platos dulces y salados

 

De corteza dura, verde, amarilla, anaranjada o incluso blanca, de superficie lisa o estriada. La pulpa es blanca o anaranjada y contiene en su centro numerosas semillas, pepitas, envueltas en una matriz gelatinosa. Ofrece variedad de formas, color y gusto; pero sobre todo regala posibilidades gastronómicas y nutricionales además de ser un gran aliado en verano para reponer líquidos y refrescarse y para hacer dietas de adelgazamiento.

Los melones pertenecen a la familia de las cucurbitáceas, por lo que en realidad son verduras. De ahí que, en ocasiones, tenga sabor a pepino sobre todo cuando están verdes. En este caso se aprovechan mejor en ensalada al regarlos con sal. Renombrada y utilizada como fruta, esta planta crece en climas tropicales, secos, de suelos ricos y bien drenados, de ahí el peso de los cultivos de los países sudamericanos pero, no obstante, España es el principal productor europeo, seguido de Holanda y Francia.

El 90% de su contenido es agua, tiene pocas calorías y escasa fibra. Hay 850 especies de melón y está presente en el mercado en cualquier época del año. De hecho, es habitual en las mesas navideñas; pero su época por excelencia son los meses de julio y agosto. En verano son más sabrosos, más baratos y apetecen más.

Además de como postre sin ningún acompañamiento, el melón abre cientos de posibilidades en la cocina. Las más conocidas son las que está acompañado de jamón o en ensalada con gambas y langostinos y salsa rosa; pero, entre sus recetas, caben el gazpacho de melón con menta, el melón a la plancha con una reducción de Pedro Ximénez y sorbetes y combinados con alcohol son muy habituales en Hispanoamérica.

En ensaladas con atún o bonito en escabeche, con salmón ahumado, zanahorias y huevo duro, con pepinillos en vinagre… Admite además múltiples presentaciones, en las habituales rodajas, en brochetas, en pequeñas bolas, relleno, en dados… Cuando sale un poco soso, una forma de realzarlo además de la sal es condimentarlo con pimienta negra y también el vino tinto que resalta su sabor.

Para comprarlos, es bueno cogerles el tacto, apretar con las manos y encontrar un melón ni muy duro ni muy blando y, si al presionarlo en el lado opuesto al de la mata, cede un poco es que está en su punto. Con el tiempo, el sonido de un golpecito ayuda a escoger la pieza.

El melón es tan sabroso y sano, rico en potasio, diurético y, por ello, recomendable para quienes sufren de hipertensión arterial o afecciones en los vasos sanguíneos y corazón y retención de líquidos.

Su origen es muy impreciso. Tanto Asia Central como África aparecen como punto de partida, según autores. Hay representaciones de este fruto en tumbas egipcias del 2400 antes de Jesucristo. Obra maestra de Apolo, era alabado por ser una fruta tan beneficiosa como el sol. En el siglo III, los manuales de horticultura romanos ya daban instrucciones sobre su cultivo y se servía espolvoreado con almizcle para acentuar su delicado sabor.

Una antigua creencia árabe dice que «el que sacie su estómago con melones se llenará de luz» y también están reflejados en la Francia de finales del siglo XV y fueron consumidos en grandes cantidades por la corte donde se servían en forma de pirámides, acompañados de vino moscatel.