En Castilla y León se cultiva de manera individual en jardines y huertos

 

Agradable perfume, fruto grande, carnoso y de color amarillo. El membrillo es un verdadero regalo del otoño para la vista -decora con romanticismo un buen centro de mesa -; para mejorar el olor de los armarios -aún hay quien lo introduce entre la ropa por su aroma-; y, por supuesto, por su valor gastronómico y nutritivo.

Crecía silvestre en Asia y los griegos lo descubrieron en la ciudad de Cydon, en la isla de Creta y lo bautizaron como “cydonia oblonga”. Apreciado por sus propiedades terapéuticas desde siempre, era cultivado en la antigua Babilonia ya en el año 4.000 antes de Cristo.
Cuenta una leyenda, que los griegos preparaban con el membrillo un dulce con miel como único remedio de las ninfas para aplacar el llanto y los gritos del dios Zeus niño.

Además, en Grecia estaba consagrado a la diosa del amor, Afrodita, y Venus se representaba con un membrillo en su mano derecha. Los romanos creían que comer este fruto la noche de bodas otorgaba a los recién casados suerte y fecundidad.

En la Edad Media, el membrillo no faltaba en las mesas de monarcas y aristócratas, que utilizaban banquetes y lujos gastronómicos como muestra de su grandeza. Además, estaban convencidos de que alejaba las malas influencias.

El dulce de esta fruta es su forma más conocida de consumo, pero no la única y los grandes cocineros le han devuelto un lugar relevante en sus creaciones. Platos de caza, estofados, todo tipo de carnes y asados cuentan con este amarillo y aterciopelado fruto. Aunque Castilla y León no es una gran productora del membrillo, más propio de Murcia, Valencia y Andalucía, este árbol, de la familia de las rosáceas, es habitualmente cultivado en los jardines y huertos domésticos y su elaboración artesanal está frecuente en los mercados de la comunidad porque, al ser un frutal de secano, se adapta muy bien tanto a las zonas templadas como a las frías. La fruta además de poder conservarse meses como dulce o mermelada, aguanta muy bien a temperatura ambiente tres y cuatro meses.

Su contenido en azúcares es bajo y, por lo tanto, escaso su aporte en calorías. Es el dulce añadido para las confituras lo que lo convierte en un lujo para quienes siguen una dieta de adelgazamiento.

No es demasiado rico en minerales, con excepción del potasio necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y bueno para los dolores musculares. Astringente por excelencia es muy útil para la diarrea y también para la disentería. Comerlo asado facilita la expectoración por lo que es bueno para el asma, la bronquitis, la tos o el resfriado. Es rico en fibra y taninos, es desinfectante y ayuda a eliminar el ácido úrico. En cosmética, se utiliza el mucílago para darle cuerpo y brillo al cabello.

Su aportación en vitamina C, y dado que se conservaba mucho mejor que otras frutas, lo hacía indispensable entre las provisiones para emprender un largo viaje en las navegaciones a partir del siglo XVII, cuando ya había conocimiento de que prevenía el escorbuto.