Los héroes de Star Wars mantienen el equilibrio en la fuerza con leche azul, fruta, pan instantáneo e incluso con visitas a hamburgueserías estilo años cincuenta

 

No tan lejos de las luchas con sables de luz, batallas estelares y carreras de vainas -que ríase la velocidad del Halcón Milenario y su carrera Kessel en menos de doce pársecs- la gastronomía también tiene su rincón en la galaxia más lejana y más conocida del universo.

En algunas ocasiones, la cucharada deparará una mueca de desaprobación, como la de Luke Skywalker (Mark Hamill) al degustar el guiso preparado por el maestro Yoda en el interior de su choza en las ciénagas del planeta Dagobah.

Y es que los guisos de cuchara no le sientan bien al héroe de la fuerza, reaparecido estos días a propósito del estreno del episodio ocho de la saga, ‘Los últimos jedis’. No es de extrañar que en una de sus primeras intervenciones en la cinta, en ‘Una nueva esperanza’, Luke apenas pruebe el guiso preparado por su tía Lars y termine marchándose enojado de la mesa… Pero, ¿de qué podría ser el guiso? Se antoja probable que de los hongos que crecían en los vaporizadores de la granja familiar dedicada a la agricultura de humedad en el planeta Tatooine.

Pero la tía Lars no solo se dedicaba a la recolección de setas, ella también muestra que los desayunos en la galaxia tienen en la leche su base fundamental, solo que esta es azul, pero… ¿Por qué es azul? Porque es leche de bantha, un animal que podría ser un rumiante similar a la vaca con cuernos de cabra montesa y largo pelaje. Este animal proporciona carne a los habitantes del desértico planeta.

Con la comida no se juega (aunque seas un jedi)

Pero si a Luke la hora de la comida no terminaba de hacerle gracia -salvo que se tratasen de barritas prefabricadas que podrían asemejarse a las que toman muchos deportistas en la actualidad-, a su padre -antes de transformarse en el temible Darth Vader-, la hora del almuerzo le invitaba a demostrar sus habilidades para mover la fruta con la mente.

De esta forma, Anakin Skywalker demuestra su capacidad de telequinesis con los trozos de una pera con los que trata de impresionar a Padmé Amidala en una real comida en el planeta Naboo, antes de que los dos se enamoren locamente en el episodio segundo o ‘El ataque de los clones’.

En este mismo capítulo, hasta se podría pensar que las cadenas de comida estadounidense han llegado a la galaxia, a tenor de la visita del maestro Obi-Wan Kenobi al restaurante de Dexter Jettster en la gran metrópolis de Coruscant, al más puro estilo Saks en Manhattan.

No será la única muestra de ‘fast food’, ya que ya en el episodio séptimo, en ‘El despertar de la fuerza’, la joven Rey cambia la poca chatarra que consigue de los destructores imperiales estrellados en el planeta Jakku por pan instantáneo. Este producto, lejos de las posibles marcas de garantía y calidad, se prepara en escasos segundos y permite a la heroína sobrevivir con unos pocos bocados.

Maridaje con cualquier cóctel, pero no con androides

La bebida en Star Wars también ha tenido su relevancia, y ha servido en muchas ocasiones -como en la realidad- para rebajar la tensión del día a día o de la secuencia -volviendo al film-.

El mejor ejemplo es la popular escena de la Cantina de Chalmun, popularmente conocida como la Cantina de Mos Eisley. En ella se puede pedir de casi todo, dada la tecnología con la que cuenta el dueño, demostrada en el vanguardista tirador de… ¿cerveza? Sí, lo cierto es que la hay en la imaginaria galaxia de George Lucas, la denominada modalidad Agárica, aunque no goce de demasiada aceptación por su falta de gusto.

Lo cierto es que en la cantina, y con la popular sintonía de Figrin D’an y los nodos modales, el trago favorito de villanos y mercenarios es el Jugo Juri, una bebida embriagante y adictiva, que convierte el recinto en más de una ocasión en un salón del viejo oeste… Eso sí, sin androides. «Aquí no servimos a bichos raros», le espetan al popular C3PO, al que su chapa dorada delata en la taberna de Tatooine.

Han Solo (Harrison Ford) optará en la barra, antes de fulminar a cazarrecompensas y otros malechores de dudosa reputación, por el flamingero, cóctel capaz de quemar la lengua mientras congela la garganta. Muy del estilo del héroe, está claro.

Y puesto a subir los grados, será Obi-Wan el que en el episodio segundo, y tras aguantar días, meses y años de un adolescente con delirios de grandeza y llamado «a traer el equilibrio a la fuerza» , opte por darse a la bebida con chupitos azulados, que bien podrían hacerle perder su paciencia durante al menos unas horas. “¿Dónde vas maestro?”, le pregunta Anakin. “A tomar algo”, le espeta con rotundidad… Como la vida misma, y es que, lejana o no la galaxia, al final siempre hay sitio para llenar la panza y vaciar la jarra.

La gastronomía en Star Wars