La Colección de Francisco Peralta en Segovia es uno de los espacios más singulares de España. Las figuras, llenas de sensibilidad y gestos humanos, transmiten historias dignas de una visita

 

Ahora que ya he aprendido a apartar la hojarasca de las cosas importantes, ahora que sé mejor lo que quiero y podría hacerlo, ahora que podría acometer algo importante, necesito unas energías que ya no tengo». Un acordeón remata el parlamento de acento suave del maestro titiritero que, desde una pantalla, llena de nostalgias anticipadas en la Puerta de Santiago, el torreón en el que el Ayuntamiento de Segovia exhibe la Colección de Títeres de Francisco Peralta.

La sala es premeditadamente oscura, con focos que iluminan solo a los títeres diseñados con trazo fino, para resaltar los detalles de ternura, de humor o humanidad que cada uno de ellos posee a manera de alma. En las urnas están la condesita del romance, su padre y el Conde Flores; Melisendra, Carlomagno, Gaiferos y los que los contemplaban en el retablo de Maese Pedro, Don Quijote y Sancho Panza, protagonistas de una ficción que recrea una ficción que estaba a su vez en un libro que hablaba de un caballero ficticio. Estos juegos de espejos, la sensibilidad que recubre la constante búsqueda técnica del marionetista gaditano, contribuyen a que la visita al museo se convierta con facilidad en un viaje introspectivo para el visitante que tenga la suerte de conectar con esta exposición única.

El museo, que no suele abarrotarse y propone una visita pausada, ofrece dos atmósferas que dependen de quién lo ocupe en cada momento. Los mayores no pueden evitar dejarse llevar por el dramatismo de la iluminación y colocar en cada figura los conocimientos y la experiencia humana que cada uno traiga de su casa. Los niños, en cambio, lo llenan de movimiento y ven las historias debajo de los títeres, por muy quietos que estén.
Ellos se identifican con Bastien y Bastienne, los pastores que protagonizan la ópera que Mozart escribió con doce años; se ríen sin saber por qué de la fingida solemnidad del clérigo ignorante que protagonizaba el noveno Milagro de Nuestra Señora en el poema de Gonzalo de Berceo; y se asombran –si son lo suficientemente pequeños– con los cinco ratones que se reúnen en un corro en la fábula Frederick.

Francisco Peralta trabajó durante toda su carrera en estos títeres, revitalizó una profesión en trance de perderse y a la vez la modernizó con nuevas técnicas e invenciones. El artista vuelve continuamente sobre sus personajes y propone nuevas soluciones técnicas, desde complejos mecanismos de movimiento que transmitían gestos llenos de matices, a los más simples palos guiñolescos. Aunque ahora se reconoce sin fuerzas para continuar su trabajo, nunca ha parado de hacerse preguntas sobre el movimiento y la expresión. «Cada vez me preocupa más la frescura y a veces hago cosas demasiado complicadas y me digo: ahora vamos a volver a empezar desde el punto cero», relata.

El maestro titiritero trabajó como profesor en Segovia y decidió que era aquí donde debía levantarse el último escenario para sus personajes. El museo se dividió en dos plantas que permiten recorrer toda su trayectoria. En la planta alta están sus más celebradas creaciones, mientras que la planta baja se dedica a algunos de los experimentos que apenas pisaron las tablas, como aquellos en los que recicla objetos cotidianos que se integran en los muñecos, al más puro estilo de las chirigotas gaditanas.

Escenarios

La conexión entre Segovia, los títeres de Peralta y los niños ha contribuido a convertir a la ciudad en la capital española de los títeres. La atención que se les dedica crece cada año en primavera en torno al festival callejero Titirimundi, que ocupa el casco histórico con decenas de bulliciosas actuaciones en las salas de la ciudad y al aire libre.

El Ayuntamiento acaba de presentar también nuevos vídeos y material promocional de la Colección con la intención de difundirla en el resto de Europa. Además, en otoño, apuesta por este tipo de teatro con un ciclo de títeres que se ha programado hasta diciembre en el Centro de Creación La Cárcel. Allí todavía hay tiempo para ver representaciones guiñolescas como El elefantito y El caso del fantasma percusionista. La información está en www.turismodesegovia.com

Como la Colección de Títeres Francisco Peralta está ubicada en la Puerta de Santiago –una de las tres que se conservan en la muralla segoviana– visitarla es también parte del encanto del museo. En sus paredes cuelgan paneles informativos que explican la historia de este emplazamiento defensivo que acogió también durante una época a los menesterosos que visitaban la ciudad. El museo abre de miércoles a domingo y la entrada es siempre gratuita, aunque se disfruta más si se adquiere la didáctica audioguía (dos euros) o se solicita una visita guiada (tres euros).