Menos habitual que otros cítricos en los hogares, esta fruta es rica en vitamina C y en sales minerales y buena para cualquier edad

 

Menos ácido que el limón, pero no tan dulce como la naranja. Amarillo o anaranjado y de buen tamaño, sus propiedades son muy parecidas a las de los otros dos cítricos. El pomelo es rico en ácidos cítricos y en vitaminas, en especial la C, y en sales minerales como el fósforo, calcio, magnesio, hierro, cobre, manganeso, muy buenas para el crecimiento. Sin embargo, no es habitual contar con esta fruta para los más pequeños. Tal vez por su acidez y, a veces, por su amargor es difícil encontrarlo en sus menús; pero en macedonia o zumo, combinado con naranja o plátano o cualquier otra fruta más dulce, especialmente en su variedad más anaranjada, intensifica sabores y ventajas. Y es que sus principios amargos y aceites volátiles fortifican los pulmones. La piel de algunas variedades, muy bien lavada, puede consumirse confitada y también de ella se extrae un aceite esencial que se emplea en perfumería y licorería. Lo podemos encontrar comercializado enlatado, muy utilizado para preparar ensaladas, macedonias y de guarnición de platos de carne y marisco.

El pomelo es una buena forma de empezar el día, y hay quien ya no sabe vivir sin él porque estimula la actividad física e intelectual y, además, es un alimento activador hepático, evita las hemorragias, es depurativo, digestivo, diurético, laxante y refrescante. Además, aunque esto es poco conocido, y escasamente habitual por lo tanto, las flores del pomelo sirven para preparar infusiones que favorecen la respiración. El ácido fólico que aporta también reduce los niveles de homocisteína, un intermediario en el metabolismo proteico, que se sabe está implicado como factor de riesgo en enfermedades cardiovasculares. Pegas no tiene, salvo el gusto personal, pero su consumo está menos extendido que el de la naranja o limón, aunque es fácil de encontrarlo en el mercado.

Cultivo en zonas tropicales y el Mediterráneo

Esta fruto se cultiva en zonas tropicales y subtropicales de América, África y de la cuenca mediterránea. Los principales países productores son Estados Unidos (también es el máximo consumidor), así como China, Israel, los países sudamericanos y España, en la huerta mediterránea. En China, donde desde la antigüedad existe la costumbre de consumirlo para iniciar las comidas como aperitivo, se considera un regalo muy apreciado en Año Nuevo.

Su origen puede estar en este país oriental; pero no se conoce con exactitud. Varias investigaciones señalan que se trata de un cruce natural entre el naranjo dulce y el pummelo producido en Barbados, en las Indias Occidentales. Desde allí, se extendió por todo el Caribe, y posteriormente a los Estados Unidos. Esta fruta era popularmente conocida como «el fruto prohibido» y fue un conde francés quien lo trasladó desde las Bahamas hasta Florida, donde alcanzó su máximo desarrollo.

El pomelo se consume durante todo el año y además de en zumo puede llevarse a la mesa simplemente cortado por la mitad y endulzado con miel o azúcar. También dan un toque exótico a las ensaladas -sabrosas con escarola, naranja, pepino y un toque de eneldo picado fino – , y sirven para preparar buenas mermeladas, almíbares y cócteles.

El pomelo, desde hace años, se ha considerado como una especie de “fruta milagro”, porque se le atribuía la propiedad de quemar las grasas del organismo en ayunas, algo carente de base científica.

Su consumo es útil en los regímenes de adelgazamiento por sus escasas calorías y su riqueza vitamínica y de minerales, además de ser un importante antioxidante; pero no nos podemos dejar engañar por la llamada dieta del pomelo porque, como todas las restrictivas en cuanto a variedad de alimentos, tiene serias carencias. Se adelgaza rápido, sí, y se recupera peso aún más deprisa.

Las distintas variedades de pomelo se clasifican según la tonalidad de su pulpa. Las blancas o comunes son las que tienen la pulpa de color amarillo y, a pesar de ser las más cultivadas, cada vez se ven más desplazadas por las variedades pigmentadas que son menos amargas. Estas últimas dan pomelos con la pulpa de tono rosa y rojizo y deben su color al pigmento licopeno; aunque el zumo no sea anaranjado. Su popularidad y consumo se ha incrementado en las dos últimas décadas en muchos países, incluido España. El llamativo color solo se produce si las temperaturas de cultivo son elevadas.