El Fogón del Salvador es uno de los establecimientos más destacados dentro de la gastronomía de la capital soriana

 

Soria es el Duero. Soria son los magníficos restos del claustro de San Juan, la enrocada ermita de San Saturio, los versos de Antonio Machado o Gerardo Diego y las Leyendas de Bécquer. Y Soria es gastronomía, rotunda y sabrosa como esta tierra bañada por el padre Duero, el río que recorre Castilla y León hasta tomar carta de naturaleza portuguesa. Soria alimenta el alma y también el cuerpo. Alrededor de este cauce fluvial existe una cocina basada en un producto como pocos, en una esmerada tradición.

Ese es el caso de El Fogón del Salvador, uno de los establecimientos más destacados dentro de la gastronomía de esta coqueta capital. Un restaurante que, tras la jubilación de Tomás de Francisco y su esposa Montse, navega desde hace un tiempo con nuevos timoneles, pero con la calidad y el oficio de siempre. Eso sí, ahora con un toque más moderno.

Cocina tradicional

Situado en la Plaza del Salvador, este establecimiento, que consta de dos plantas con barra incluida, se caracteriza por una cocina tradicional renovada. Los asados, tanto de lechazo como de cochinillo, son uno de los puntos fuertes. Platos de cuchara tampoco faltan en la carta.

Pero, junto a esta versión más tradicional, El Fogón del Salvador busca fórmulas y combinaciones que vayan más con los nuevos tiempos, productos más alejados de ese recetario tradicional. Un ejemplo, unos rollitos de cecina con crema de queso y membrillo aderezado con una vinagreta de pistacho. Tres productos tradicionales que consiguen una comunión perfecta en el paladar, realzado por el pistacho. Sabores de siempre bajo un nuevo prisma.

Ese equilibrio se repite en las alcachofas con foie. Estas están hechas a la plancha y se acompañan de hígado de pato caramelizado. La combinación de ambos productos resulta sencillamente increíble. Sencillez en la elaboración y riqueza de matices en el sabor.

En carnes no falta el clásico ‘steak tartar’. Solo para muy carnívoros, para aquellos que son capaces de captar todos los matices de la carne de vacuno picada y cruda. Su sabor y textura resultan formidables.

También para carnívoros, este restaurante ofrece una soberbia hamburguesa que nada tiene que ver con lo que se entiende realmente por hamburguesa. La calidad de la carne de vaca es superior. Se macera durante 48 horas con trufa. Esto hace que consiga un sabor increíble. La carne destila trufa y un torrente de sabor que invade el paladar, al que acompaña una mostaza aligerada por un suave matiz a foie.

Para el postre, una sorpresa para el comensal: la torrija. Tiene una textura perfecta, con un sabor formidable. No puede haber mejor colofón.