Las hermanas González regentan el Mesón Cerrato, una de las paradas obligadas en Tariego

 

Pedregoso, angosto, compacto y resistente; así es el puente que da la bienvenida al municipio palentino de Tariego del Cerrato. Construido en el siglo XV se erige sobre un Pisuerga con escaso caudal, a pesar de las lluvias de los últimos días, y nos dirige hacia este pueblo que esconde en sus entrañas un entramado de bodegas integradas en el barrio de Las Casas Cuevas. Excavadas en la ladera estuvieron habitadas hasta mediados del siglo XX y son seña de identidad de este municipio de medio millar de habitantes, situado a 15 kilómetros de Palencia.

Hasta estas tierras llegaron en los años ochenta, los fundadores del Mesón Cerrato, un imprescindible en la gastronomía de la zona. Ángel y Chus pusieron la primera piedra de un negocio que hoy regentan sus tres hijas, Vanessa, Patricia y Yovana. El secreto para que este negocio siga vivo en el medio rural: «Constancia, trabajo duro, mantener siempre la misma línea y, sobre todo, respetar mucho la calidad del producto. Aquí no se quieren tapar sabores, sino potenciarlos. Y también el boca-oreja que se ha convertido en nuestra mejor publicidad», explica Patricia, la segunda de las tres, quien se encarga de la sala. «Aunque los inicios fueron duros, ya se nos conoce por nuestra comida tradicional pero también con toques de vanguardia», añade.

De los fogones se encargan Vanessa, especializada en los platos tradicionales, y Yovana, quien sorprende con unos elaborados e innovadores postres -hasta quince-, con «unos crujientes de vainilla, unos raviolis de piña con crema de mango y sorbete de pera y también hacemos mucho el trampantojo», recomienda.

Ubicado en una bodega subterránea, el Mesón Cerrato ofrece productos de la zona como las sopas de ajo en sartén o sopas albahadas «un plato típico de la zona que se hacía antiguamente y que hemos recuperado. Es una sopa de ajo que se come con cuchillo y tenedor». También el pimiento asado de Torquemada, el lechazo, el guisante de Palencia, la alcachofa y el bacalao «aunque no sea algo propio», apunta Yovana.

La bodega mantiene la decoración tradicional que rompe con el color y expresionismo de las obras del artista palentino, Álvaro Reja, que visten los tres comedores del establecimiento. Gastronomía, historia, tradición y arte van de la mano en una interesante apuesta para disfrutar en Tariego.