Las curiosidades de la sopa de ajo de la segoviana Espirdo

 

Óscar de la Fuente habla de la sopa castellana en diminutivo porque es una elaboración tan de visita al pueblo para ver a la abuela, tan de andar por casa en pantuflas otoñales, que parece de la familia. Óscar, segoviano de 43 años, lleva desde los 17 gestionando el negocio funerario familiar, la Agencia Santa Teresa. Acaba de abrir su vigésimo tanatorio de la provincia en Hontalbilla y está a punto de inaugurar el crematorio de Cuéllar. «Formo parte de la tercera generación en el sector, lo empezó mi abuelo en los años 50. Gestionamos todo durante el fallecimiento, justo cuando más se necesita un amigo que te ayude con el papeleo y los procesos», dice.

La pasión de Óscar es la cocina y por eso pertenece a la Asociación de Cocineros de Segovia, donde siempre se ofrece para colaborar en actos benéficos o «segovianistas». Su afición gastronómica le viene de las elaboraciones caseras que le enseñaron su madre y su abuela en Espirdo, un pueblo de 2.500 habitantes del que «aunque sea pequeño –aclara– han salido dos políticos que van de números uno en Segovia, el de Podemos y la de Ciudadanos».

En su casa siempre se han preparado las clásicas recetas hipercalóricas de pueblo: matanza, judiones, cocido, callos, manillas y, por supuesto, la sopa castellana o sopas de ajo. Óscar de la Fuente se ha traído de Espirdo la receta familiar y los huevos del corral de su abuela, la señora Consuelo.

Sus trucos personales para las sopas son el uso del jamón blanco, «que está más tierno y luego no se endurece tanto», la elaboración en una sola sartén porque «es más rápido y queda mejor hecho» y el caldo de cocido, que añade sabor. Pero el secreto principal viene directo de su madre, que le enseñó a freír el pan para conseguir una textura crujiente. «Si no, queda hecho una pasta», dice Óscar de la Fuente.