La Sidrería La Alegría deja atrás sus raíces como chiringuito para convertirse en un referente en Fuentes de Ropel (Zamora)

 

La mejor cocina tradicional, partiendo de las mejores materias primas de nuestra tierra. Es el punto de partida, la base sobre la que se asienta el trabajo de los propietarios del Restaurante-Sidrería La Alegría en el municipio zamorano de Fuentes de Ropel.

Aquí, Raúl Rodríguez, Beatriz Ferrero y Adelina Osorio pusieron en marcha hace diez años este establecimiento en un pueblo de apenas 400 habitantes. Lo que comenzó como un bar dónde ofrecían ensaladas y pinchos morunos para los vecinos que «subían de las piscinas», explica Raúl, se ha convertido en un coqueto restaurante con capacidad para sesenta comensales. «La verdad es que nosotros no conocimos las vacas gordas de la hostelería, así que hemos ido evolucionando poco a poco», señala Raúl quien, junto a su mujer, Beatriz, y su suegra, Nini, pusieron en marcha este negocio en 2006. De los fogones se encargan Raúl y Nini.

El día del cocido

Los miércoles lo reservan para el día del cocido durante todo el año. En su carta destacan el pimiento morrón de Fresno de la Vega y de Aguilar de Tera, los arroces, el entrecot de buey a la piedra, parrillada de carne, rabo de toro y/o pescado. «El bacalao lo trabajamos también muy bien, diferente al de Valderas, pero muy bien», afirma Raúl, que recuerda que tienen menú apto para celiacos y que la calidad es lo que prima a la hora de hacer la compra. En cuanto a los postres, la mayoría son caseros, como la tarta de queso, el flan y el arroz con leche.

De esta forma, lo que comenzó con unas simples raciones, acabó con uno platos elaborados que deleitan a los visitantes. Y mientras la demanda aumentaba, el establecimiento iba tomando forma. Se cubrieron los techos que estaban al descubierto con maderas hasta que «lo que era un bar de pueblo, lo hemos convertido en un restaurante familiar».

Después de una década en los fogones, el secreto está en «trabajar y mejorar», apunta Raúl, que agradece a su hermana Lucía, a Vicente y a Vanesa su «impagable» colaboración. «Sin ellos no tendríamos días de descanso», concluye.

Restaurante Sidrería La Alegría