Ocho lugares para disfrutar de la historia de la capital vallisoletana y una de sus transformaciones más importantes

 

El siglo corría hacia su final cuando la burguesía pudiente de Valladolid decidió dar a la ciudad un empujón de no te menees. A aquel Valladolid que todavía conservaba trazas de su época medieval y resabios de una capitalidad imperial ya muy lejana comenzaron a surgirle amplias avenidas, parques tan espesos como un bosque y hasta pisos con ascensor. Por supuesto, en aquel entonces nadie pensaba en soterrar al tren. Simplemente verlo llegar, aunque fuera con retraso, era motivo sobrado para echar la tarde hasta una Estación del Norte de aires europeos y toque francés.

Una buena parte de aquella transformación es aun reconocible en un paseo por sus calles. Estos son algunos hitos de aquel momento a los que merece la pena prestar atención.