A los 56 años, el hombre más poderoso de Occidente, se retiró en el monasterio de Yuste

 

No fue un viaje improvisado ni acelerado. Más bien todo lo contrario: el resultado de un largo periodo de meditación.

El peso de las coronas que soportaba sobre su cabeza, las de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y Rey de España, era ya tan grande que superó de largo su propio aguante. Tras una vida tan intensa como llena de ajetreos, guerras, problemas, tensiones, negociaciones, incertidumbres y conquistas llegó un momento, a los 56 años de edad, en el que Carlos V decidió parar el mundo para bajarse de él.

Y para ello, el hombre más poderoso de Occidente en su tiempo, escogió un apartado y desconocido rincón perdido entre los pliegues serranos del norte de Cáceres, el monasterio de jerónimos de Yuste. Un cenobio tan humilde y a tras mano de todo que, cuando se supo escogido para tener entre sus paredes a tan egregio inquilino, tuvo que emprender contra reloj la realización de importantes reformas que lo dotaran