Viki Benavides | Bodeguera y enóloga

 

Tengo la inmensa suerte de haber nacido y vivir en Castilla y León, una de las mejores regiones vinícolas del mundo. Los grandes vinos no los hace el clima, ni los suelos, ni los enólogos. Son el resultado del trabajo y la intuición de generaciones. Fue mi padre el primero en enseñarme a disfrutar del vino. La Escuela de la Vid y la Universidad de Burdeos me formaron con una profundidad técnica que me ha permitido discernir con precisión lo necesario en la elaboración de un buen vino: buena uva, buenas barricas y un buen corcho. Los bodegueros -Segundo de Protos, Alejandro Fernández en Pesquera, me enseñaron a observar y a apreciar esas pequeñas diferencias que ningún laboratorio es capaz de detectar y que hacen a un vino grande.

No quiero dejar pasar esta oportunidad para rendir homenaje a Pascual Herrera, el mejor catador de vinos que he conocido, con quien tuve el privilegio de trabajar durante diez años en la Estación Enológica de Castilla y León, en Rueda. Gracias a su profesionalidad y a su criterio se conservan muchas zonas vitícolas que estaban a punto de desaparecer. Pero fueron los viticultores, especialmente Elías Mora, los que me enseñaron el porqué de cada parcela. En ese terreno pedregoso de San Román, entre el Duero y el Hornija, con arenas, arcillas y una costra caliza en profundidad a la que solo las viejas viñas, con sus profundas raíces, son capaces de llegar.

Bodegas Elías Mora se inauguró en 2000 en San Román de Hornija, un pequeño pueblo vallisoletano al límite de la provincia de Zamora. Y fue en el bar de los jubilados donde me enseñaron el conocimiento acumulado de generaciones: dónde graniza, qué suelos se comportan bien los años secos, por qué algunas parcelas son resistentes a las heladas o nunca son atacadas por botritis. Y el mejor regalo: la viña mas especial de todas, que ahora produce el Gran Elías Mora.

Siempre recordaré un verano, con un calor de justicia, que recibí la visita del mejor importador de Suiza: Peter Riegger. ¿Cómo sorprender y seducir a sus clientes, que conocían los mejores hoteles y restaurantes del mundo? Les llevé a las bodegas de San Román con Arcadio Gudiña, quien además de alcalde es poeta y recitador. Y allí al fresquito, con un hule por mantel, queso, chorizo y pan, quedaron asombrados los mejores gourmets del mundo de lo bien que sabíamos vivir en Castilla.