Un libro redactado por expertos de diversas disciplinas advierte sobre los riesgos del autodiagnóstico y la eliminación de los lácteos de la dieta sin supervisión médica

 

La intolerancia a la lactosa es un problema de salud que con frecuencia no está diagnosticado y, peor aún, quienes la padecen deciden eliminar los lácteos en la dieta sin control médico, lo que puede tener consecuencias negativas, según el libro Puesta al Día en Común en la Intolerancia a la Lactosa, presentado por la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), que sitúa su prevalencia en España en torno al 30%.

A los intolerantes a la lactosa, los expertos les recomiendan seguir este decálogo:

1. La leche y los lácteos son un alimento básico en nuestra dieta.

2. La leche contiene grasas, proteínas y azúcares, de los cuales la lactosa es el más importante.

3. El intestino tiene la capacidad de digerir la lactosa gracias a una enzima llamada lactasa que permite su absorción.

4. A partir de la infancia, es frecuente que se pierda la capacidad de digerir la lactosa por un mecanismo genético preestablecido.

5. Cuando la lactosa no se digiere y absorbe de forma adecuada se produce la malabsorción de lactosa, que se manifiesta con síntomas de intolerancia a la lactosa.

6. Los síntomas de intolerancia a la lactosa suelen relacionarse con la ingesta de lácteos, aunque hay muchos factores que influyen en su severidad.

7. La intolerancia a la lactosa se manifiesta con síntomas del tipo de la diarrea, borborigmos o distensión abdominal, entre otros.

8. No existe una relación directa entre la severidad de la malabsorción de lactosa y la intensidad de los síntomas.

9. La gran diversidad de síntomas de intolerancia hace necesario disponer de pruebas objetivas de la capacidad de absorción de la lactosa.

10. Las personas con intolerancia a la lactosa deben adaptar su dieta a la cantidad de lactosa que toleren, para ello ayuda la disponibilidad de lácteos a los que se ha extraído la lactosa.