Locura por el plato estrella de la gastronomía segoviana en la fiesta de exaltación en el Acueducto

 

Han llegado en bandejas portadas por la cofradía del mandil y el gorro. Los cocineros, y también los camareros, los han portado con solemnidad hasta dejarlos expuestos en las mesas colocadas a los pies del Acueducto. Una liturgia que se repite desde hace cinco años. El ceremonial que eleva al santoral gastronómico al que es el santo y seña delicioso de toda una ciudad y de toda una provincia. Segovia honra al cochinillo, al manjar criado, sacrificado y preparado para deleite del paladar de una feligresía planetaria.

Que mejor forma de adorar al cuto que catando sus encantos tostados. Veintiocho restaurantes doraron con mimo y devoción en sus hornos setenta piezas para la degustación popular. En total, 1.400 raciones que se sirvieron en el Azoguejo al precio de tres euros.