Presentación de Cosas de la “bucólica”, la gastronomía en el Quijote

 

Tomás Álvarez es autor de numerosos libros, desde novelas y cuentos hasta ensayos en materia de Viajes, Historia y Comunicación; ha sido directivo del diario Mediterráneo, la Radiotelevisión Valenciana y la Agencia EFE, donde fue responsable de Reportajes y director en Argentina, país en el que contó con la colaboración literaria de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Claudio Sánchez Albornoz.

La obra, prologada por Luis María Anson, se complementa con una veintena de ilustraciones realizadas por el pintor Sendo, trabajos de un gran vigor neoexpresionista.

En el ensayo se descubren interesantes aspectos geopolíticos y culinarios del final del siglo XVI, época en la que cambian tanto los hábitos del comer, por influencia de las relaciones entre las distintas cortes europeas, así como los productos, por el inicio de la llegada de nuevos ingredientes desde América.

En aquella época, Miguel de Cervantes fue un observador excepcional. Su curiosidad y su peripecia vital le permitieron adquirir un conocimiento privilegiado de la sociedad real del mundo mediterráneo en el momento en que dos grandes potencias, los imperios otomano y español, dirimían allí la hegemonía mundial de las culturas. Provisto de una visión global, en las páginas del Quijote, Cervantes presenta una rica gastronomía multicultural.

 

Gastronomía española

El libro rechaza la tentación reduccionista de equiparar la gastronomía del Quijote a la gastronomía manchega. “Las perdices asadas, las empanadas o la olla pueden ser de Aragón, Andalucía o León. Es cierto que hay vino y quesos manchegos, pero también los hay de Aragón. Y en el texto aparecen gansos de Castilla, garbanzos de Jaén, francolines de Milán, ternera de Sorrento, higos de Argelia y hasta el caviar traído por peregrinos de Alemania”, recuerda el autor.

En el libro, se recogen numerosos textos de autores de aquel tiempo para “redondear” la visión de la gastronomía de la época y se incluye además una adenda dedicada al Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda. “Hay un “diálogo” entre este y el de Cervantes, y en ese diálogo están también los asuntos del comer”, afirma Tomás Alvarez.