Alberto Arranz y Rebeca Fernández comparten espacio laboral desde hace tres años

 

Como el yin y el yang, Alberto y Rebeca son dos fuerzas opuestas y complemen- tarias. El principio femenino de la tranquilidad y el masculino de la actividad se convierten en cómplices tras los fogones. Comparten su afición a la huerta, así que tuvieron claro el menú para defender en la cocina del Centro de Educación Especial El Pino de Obregón, en Valladolid, una saludable parrillada de verdura con caballa en ‘papillote’ a la brasa.

Alberto Arranz y Rebeca Fernández se conocen desde hace doce años pero hace tres que comparten espacio laboral. Trabajan en el grupo Lince de Hostelería, un Centro Especial de Empleo donde al menos el 70% de la plantilla presenta alguna discapacidad con grado igual o superior al 33%. Forman parte de la plantilla encargada de la sala de envasado para menús de colegios y de la Ley de Dependencia.

Alberto se ríe, «soy un atajo de nervios pero Rebeca es tranquila, aparentemente», bromea. Una complicidad que transmiten en la cocina donde de forma coordinada eligen, limpian, cortan y distribuyen en la parrilla los espárragos, las setas, el calabacín, la calabaza, el pimiento rojo y el verde, y unas patatas pequeñas que servirán de guarnición para la comanda. El ingrediente principal, un pescado, la caballa, a la que añaden un aliño de ajo y perejil en su interior antes de envolverla en papel de aluminio y ponerla al horno a 200 grados, durante 15 minutos.

También en la huerta

Para Rebeca, la cocina supone diversión y práctica, y no le preocupan las posible críticas culinarias porque, a punto de independizarse, «todo lo que me sirva para mejorar está bien», explica. Aunque toma ejemplo en su casa, «tengo una abuela que cocina ideal y también mi tía».

Alberto sin embargo, mueve la cabeza, porque en su caso es todo lo contrario. «Cada vez me pone más nervioso porque soy consciente de la responsabilidad que supone. Me lo paso mejor cocinando para mis amigos o en el campo».

Los dos hacen sus «pinitos» en el cultivo de hortalizas, Rebeca desde Laguna de Duero (Valladolid) con el cuidado de calabacines en un pequeño terreno, y Alberto en Cogeces del Monte (también Valladolid), dónde tiene una parcela en la que cultiva espárragos.

En cocina, para Rebeca lo más complicado a veces es encontrar los ingredientes. Su debilidad es la repostería y la tarta de queso es el postre que mayor aceptación tiene entre sus familiares y amigos. Por su parte, Alberto se define como seguidor de tendencias, «soy muy fan de los Roca, de la cocina en frío. Tengo hasta una selladora al vacío en casa para probar porque me parece una técnica muy interesante». Para los dos la cocina supone una mirada a las capacidades, lejos de prejuicios, que puedan condicionar su día a día.