Oda a la carne de la tierra en el burgalés Castillo de Izán

 

No aparece en los libros de patrimonio y sin embargo se ha convertido en poco tiempo en seña de identidad de un pequeño municipio burgalés de apenas 557 habitantes. Se trata del Castillo de Izán, ubicado en un alto de la localidad de Gumiel de Izán. En plena tierra de vinos de Ribera del Duero, se alza este establecimiento que en su interior alberga un amplio restaurante con dos salones comedor. Un edificio de nueva construcción que fue idea de su propietario, Martiniano Palomero, uno de los principales embajadores del lechazo asado arandino. «Tenía este capricho, tenía el solar y tenía esta idea en la cabeza desde hace años», explica Marta Hernando, responsable del Castillo de Izán, que abrió sus puertas en 2014.

El lechazo y las chuletillas de la comarca no faltan en el menú que se completa con otras carnes como el solomillo rossini y el chuletón. En cuanto a los pescados, «depende del mercado», aclara Juan de los Ojos, jefe de cocina.
Los postres caseros tampoco se pueden pasar por alto. La tarta de hojaldre, las natillas, el arroz con leche, las tartas de turrón, de queso, de tres chocolates y de manzana.

«Todo es fresco, carne de la zona, lechazo churro. La calidad es suprema. Pertenecemos al grupo de los asadores de Aranda y aquí la calidad es requisito indispensable, la calidad es sagrada», insiste Juan de los Ojos, vinculado al mundo de la hostelería desde pequeño, de hecho, dice bromeando, haber nacido prácticamente en la cocina.
De ahí que cuiden todos los detalles. «Tenemos el plato de La Cartuja, típico de los asadores y otro más moderno dependiendo de lo que sirvamos». Sin embargo, definir el estilo o la decoración se asoma complicado a tenor de la mezcla de colores, materiales y combinación que se observan desde la propia entrada al establecimiento.

Artesonado de madera, llamativas lámparas de estilo moderno en gris y rojo, una chimenea clásica y una enorme raíz de olmo enmarcando la entrada a uno de los salones, son algunos de los detalles que se contemplan en un primer vistazo. Cada uno de los comedores tiene capacidad para ochenta personas, pero además disponen de otro espacio en el exterior para bodas y eventos. «El cliente de carretera ve un castillo y piensa que va a ser más caro», lamenta el jefe de cocina. «Aunque el que viene, se sorprende de los menús asequibles que tenemos, con la calidad de productos que ofrecemos», apunta. «El cliente quiere vivir una experiencia y busca calidad. Calidad en la comida y los vinos. Y esto es lo que nosotros ofrecemos», concluye.