Estelita Santín, propietaria de varios establecimientos en León y Vigo, alterna su trabajo con el mundo de la montaña y el trail running

 

Comienza el turno de noche. Son poco más de las 20:00 horas y Estelita Santín trata de dejar «todo atado». «Mañana toca carrera, y corremos en casa», explica con una sonrisa mientras cuadra las reservas del Restaurante Clandestino, uno de los gastrobares más famosos de León desde su apertura en 2015.

La capitalidad gastronómica de la ciudad se deja notar en unos mandiles que reposan sobre una silla, en los que el logo y la marca ‘León Manjar de Reyes’ aparecen bordados. «Es una buena noticia para la ciudad y la provincia, porque el turismo está creciendo, pero a mí personalmente no me gustaría que León solo viviera del turismo y la hostelería», confiesa una empresaria que dejó Ponferrada debido a la crisis del carbón. «Todo se vino abajo, y la hostelería también se resintió», comenta en relación a cómo llegó a la capital leonesa en 2010 para poner en marcha La Trastienda del 13 junto a su pareja, Toni Blanco. Ahora acaba de abrir el tercer local, con el japonés Koi.

La Trastienda aterrizó en León con el concepto de vinoteca, tan de moda en la actualidad. «Funcionó. No nos podemos quejar», refleja ‘Lita’, como se conoce a la empresaria en León, quien confiesa que, pese a su notable éxito en este sector, se la identifica más con su vocación deportiva. «A mí me hace mucha ilusión cuando viene un cliente y me reconoce por las carreras o la montaña», confiesa.

Pasión por la montaña

Su pasión por el deporte y las cumbres que rodean la ciudad de San Froilán, le ha llevado a cerrar de madrugada, «más allá de las tres de la mañana», y estar en la salida de alguna carrera de montaña pocas horas después… «Y que no me lo quiten», agrega mientras da las últimas instrucciones a uno de los camareros del servicio de noche y saca una bolsa de deporte de debajo de la mesa. «La había traído por si me daba tiempo a soltar las piernas después de la comida».

Admite que a veces se siente como en aquel programa musical –‘Lluvia de Estrellas’–, en el que el artista que entraba en el camerino poco tenía que ver con el que salía. Adiós a la chaquetilla, al bordado del Manjar de Reyes para «disfrazarse» con una camiseta térmica, una malla larga y unas zapatillas con unos tacos capaces de clavar en la nieve que se agolpa este día en la puerta del local. «Al final, la gestión de un restaurante, de un negocio tiene muchas similitudes con una carrera. Tienes que disfrutar y hay que tratar de ser el mejor, y demostrarlo todos los días», concluye mientras se aleja a toda velocidad.