El cocinero con estrella Michelin participa en el ciclo ‘Ahora Capital’ en la Capital Española de la Gastronomía 2017

 

Pedro Mario Pérez, cocinero del restaurante El Ermitaño de Benavente (Zamora), ha mostrado hoy su lado más personal e íntimo. Lo ha hecho en Huelva, que este año es Capital Española de la Gastronomía. El chef ha participado en el ciclo gastronómico ‘Ahora Capital’, organizado por el restaurante Acánthum y por el que pasarán cocineros representativos de toda España.

Este martes Pedro Mario Pérez no iba a cocinar ni se le ha visto entre platos. Hoy ha estado como invitado de Xanty Elías, chef de Acánthum, para hablar de sí mismo, de su lado más personal, de su faceta más desconocida.
En una charla moderada por el director de Huelva Información, Luis Pérez Bustamante, el cocinero de El Ermitaño ha explicado cómo comenzó en el mundo de la gastronomía con tan solo 22 años. Fue el primero de los hermanos en tomar el testigo de sus padres.

En sus inicios no sabía nada del sector, tan solo un poco sobre hostelería. “Me llamaba la atención la cocina de mi madre, pero a nivel profesional la verdad es que no teníamos ni idea de que esto iba a ser nuestra forma de vida y nuestra profesión”, ha explicado sobre los primeros pasos de los hermanos Óscar y Pedro Mario Pérez.

“Poco a poco fuimos aumentando nuestra ilusión y nuestras ganas, sobre todo, por entender la gastronomía y por defender los productos de nuestra tierra, por emocionarnos con lo que hacíamos y por visualizar en una mesa que la gente se emocionaba también con lo que creábamos”.

Ahora ya son 28 años los que llevan en este mundo, un camino que define como “de esfuerzo, aventura, ilusión, ganas, risas, llantos” y, sobre todo, de emoción e inquietud por seguir aprendiendo, algo que considera muy importante.

El Ermitaño es el único restaurante de la provincia de Zamora con una estrella Michelín, una distinción gastronómica que consiguió por primera vez en 2001 y que recuperó en 2015. Recuperarla supuso paz para Pedro Mario Pérez. “Estábamos con una espina clavada y manteníamos la ilusión de volver a conseguirla y cuando llegó ese momento, supuso una paz interior y un sosiego para la gente que también estaba cerca de nosotros, que lo ha sufrido, que, de alguna manera, lo ha padecido”, explica recordando a familia, amigos, compañeros, colegas y colaboradores.

“Volverla a conseguir para mí fue un descanso”, reconoce el cocinero, consciente de que “eso no quiere decir que te puedas echar a dormir”.