Alumnos del Liceo Francés y de la Fundación Personas cocinan sushi con los chefs Antonio González y Mariola López

 

La combinación, a priori, y vista desde la puerta del comedor del Liceo Francés, parece más que explosiva. Estudiantes de 16 y 17 años, con las hormonas correteando en todas las direcciones, junto a los aplicados aprendices de cocineros de la Fundación Personas, en los que los sesenta “palos” ya cayeron hace algún tiempo. ¿Y en medio? La cocina japonesa de Antonio González, “bueno más bien de mi compañera Mariola López”, indica en relación a esta iniciativa culinaria con los chefs de la Taberna Wabi Sabi de Valladolid.

El taller de cocina forma parte de una innovadora propuesta de inclusión intergeneracional y de personas con y sin discapacidad en la que, en esta ocasión, el sushi será el nexo de unión.

Arroz, pepino, vinagre, tiras de cangrejo… Y todos a pensar –como en el anuncio, pero sin dado–. Aquí la clase no se deja al azar. Juntos, pero no revueltos, aunque hasta el “pavo” de alguno de los adolescentes enseguida queda aplacado por la delicadeza y ganas de aprender de sus nuevos compañeros.

La joven Salomé no pierde detalle de cómo el septuagenario Félix corta el pepino en tiras. “Se preocupan por ellos, pero no solo eso. Durante estos cursos han llegado a intimar. Llega el lunes y se cuentan lo que han hecho el fin de semana”, afirma Gemma González, de la AMPA del Liceo, en relación a los cuatro talleres que han protagonizado los estudiantes y los usuarios de la Fundación.

“La experiencia ha sido un éxito, y eso que al principio podía chocar, pero todo ha sido positivo. Valores y fomento de la responsabilidad entre los jóvenes, y un enriquecimiento personal entre las personas con discapacidad que no veían el momento de que llegara el lunes para aprender a cocinar”, asegura Nuria Velasco, coordinadora del proyecto.

¿Y en medio? La receta de este “California roll” que promulga Mariola López de una manera muy didáctica en la que enfatiza en la necesidad de contar con unos productos específicos, como el arroz especial para sushi. “El resto es muy sencillo”, subraya rodeada de todos los grupos, ya más revueltos tras el primer impacto visual.

Es la hora de partir el cangrejo. “Cuidado, Luisi”, le enfatiza la joven Carla, que acerca la tabla para que el corte sea certero pero sin peligro. Las tiras se unen a las de pepino. Toca extender el arroz sobre una tabla de madera, enrollar… y “voilà” –que para algo estamos en el Liceo–. Es el momento de degustar y compartir la experiencia. ¡Bon appetit!