Criar lechazos con prebióticos evita los fármacos y hormonas

 

Cuando nacen, no les dan un suave azote, “pero casi”. Apenas pueden ponerse en pie, y no reciben los servicios de la Suite Real del Hotel Palace, “pero casi”. No obstante, disfrutan de baño, alimentación personalizada y “solo falta el masaje”, pero por la forma de acariciarles, podría aceptarse como tal.

En las afueras de la vallisoletana Olmedo, y tras unos portones de madera, la música escapa del recinto al tiempo que rivaliza con los cortos balidos de sus propietarios –cortos, pero constantes–, que anuncian que han llegado a este mundo. ¿Su destino? El consumo humano en uno de los bocados más exquisitos de estos lares, aunque en la Granja de Desarrollo AGM, su cría también sea esencial en la producción láctea de oveja.

La forma de cuidar a los lechales de las ovejas y a los 800 animales que viven en el recinto se ha convertido en una de las señas de identidad de esta instalación de ganado ovino. La otra sería la innovación y la inversión investigación y desarrollo (i+d).

Esta apuesta, que comienza a principios de esta década, ha despertado el interés en empresas del Este de Europa, como Ucrania o Rusia; de explotaciones de Estados Unidos, incluso de países árabes, como Dubai. “Acabamos de cerrar un acuerdo con una empresa de Sevilla para exportar el lechazo envasado al vacío para llevarlo a Dubai”, explica Alberto García, propietario de AGM, y en cuya cabeza no paran de dibujarse ideas para la renovación. “Es la única manera de sacar rendimiento al sector primario”, asegura mientras abre la boca de un pequeño lechal y le introduce un biberón. “Este era de mis hijos y ahora son para estos otros hijos”, añade con satisfacción.

Potenciación del lechal

Aunque la granja está enfocada a la producción láctea –de ahí que la ovejas tengan programadas hasta tres gestaciones al año–, la potenciación del lechal es una de las líneas de desarrollo que defienden desde esta firma. Y para ello quieren hacerlo “de la forma más natural posible”.

En este sentido, el gasto en antibióticos, por ejemplo, superaba los 40.000 euros hace apenas dos años, y ahora han logrado que no alcance los 10.000. ¿Cómo? “La clave está en los prebióticos de la sacarosa y de la lactosa”, analiza Alberto, que desvela que junto a estos, en otro biberón se encuentra “un compuesto lácteo con vitamina E, ajo y distintos vinagres”, que actúan como antibióticos naturales.

A tenor de las escasas muertes prematuras de las crías y el descenso en el uso de fármacos, la línea de actuación es efectiva, y permite que la empresa destine ese dinero a mejorar el cuidado de los animales. ¡Hasta cuentan con prótesis para los lechales que nacen con algún tipo de malformación en las patas!