El mediano de los hermanos Roca analiza en Degusta los vinos de Castilla y León y valora la autenticidad y el terruño

 

Para Josep Roca, uno de los famosos tres hermanos catalanes que han convertido su restaurante, El Celler de Can Roca (Gerona) en el mejor restaurante del mundo, su profesión es “un privilegio”. Valora el hecho de servir a los demás como una de las cosas “más maravillosas” y define el perfil del sumiller como el de “un vendedor de felicidad en forma de vino” cuya obsesión es escuchar a los clientes “para cuidarlos y seducirlos. Es un narrador de cuentos”.

En una visita que ha realizado esta semana a Castilla y León (estuvo el pasado miércoles en el Museo del Vino de Pagos del Rey, en Morales de Toro (Zamora), el prestigioso sumiller analizó para Degusta los vinos de esta tierra.

– Castilla y León tiene trece denominaciones de origen, ¿cree usted que están bien reconocidas en el mundo?
-No conozco todas las denominaciones pero hemos ido viajando y uno de los motivos que me ha traído aquí es precisamente aprender sobre los vinos de Toro. En Castilla y León hay historia, legado, pasado, proyección, reconocimiento y hay una sensación de inercia positiva de cara al futuro en el que cada una de esas zonas van encontrando su hueco en el mercado, su diferenciación, y todo esto no deja de ser un elemento importante de que haya una capacidad de establecer puentes fantásticos entre lo que fue la innovación tecnológica con la revolución sensible de la tierra.

-Ribera, Toro, Rueda, Bierzo… ¿Se conocen los vinos de esta comunidad? ¿Qué potencial tienen?
-Yo creo que muchísimo, yo creo que tienen un reconocimiento extraordinario. Mencionabas Bierzo, por ejemplo, como un elemento de los más sorprendentes a nivel de la efervescencia del reconocimiento en poco tiempo. Es verdad que desde los montes Aquilianos y desde la época romana había ya un peso específico de la cultura del vino, la revolución desde 1999 en que sale el primer vino de la familia Palacios, en este caso, marca un antes y un después. Las zonas vinícolas necesitan líderes y vinos icónicos y Bierzo tiene la posibilidad de mantener la riqueza del policultivo que es algo fantástico que no pasa en muchas zonas del mundo y donde hay peso de historia, de manera que tiene un elemento muy potente para mostrar al mundo, desde la autenticidad.

-Usted le da mucha importancia tanto a la uva como a la tierra, ¿qué consejo le daría a los productores para que hagan buen vino y un vino de futuro?
-Creo que el vino de futuro tiene que estar limitando la tecnología, aprovechándola al máximo pero no abusando de ella a nivel de recursos químicos y apegarse más al valor de la intuición para poder mostrar mejor las singularidades del territorio.

En el sur de la comunidad, en Cebreros (Ávila) se está recuperando la garnacha, una uva auctóctona…
-Cebreros y toda la zona que comentas es una zona extraordinaria que está resurgiendo como pudo hacerlo el Priorato hace treinta años y que ellos están recuperando ahora viñedos antiguos en terrenos muy singulares, historias de viñedos de más de cien años que ya no sentían el peso de la hazada y que hoy vuelven a sentirlo. Hay gente joven comprometida de tal forma que es una suma de viña vieja y gente joven activando y reactivando un patrimonio y dignificando un trabajo en el campo y mostrándoselo al mundo. El mundo está necesitado de historias, de cuentos. Antes te decía que un sumiller necesita narrar cuentos y narrarlos de cuentos verdaderos y esto, por ejemplo, es una verdad fantástica para contar.