Nace en Valladolid la primera asociación de jóvenes defensores de la cultura vitivinícola y enológica

 

Quién sabe si la piedra filosofal que tanto buscan los bodegueros, como es acercar la cultura del vino a los jóvenes a través de un consumo responsable, puede estar ahora más cerca de su mano. Una evidencia de ello puede ser la recién nacida asociación, sin ánimo de lucro, Jóvenes por el Vino, que, a un mes de su nacimiento en Valladolid, sus promotores se ven sorprendidos por la gran aceptación que están teniendo.

Manuel Cuadrado (28 años) y Pablo Nieto (23), son los ideólogos, y, junto a Asier Andrés (24), los impulsores de esta propuesta ya en marcha que convoca a medio millar de seguidores en sus redes sociales, a los que consideran miembros de pleno derecho de su cuadrilla de salir de vinos. Porque al fin y al cabo lo que persiguen es disfrutar de forma compartida y distendida de este producto porque les gusta, simple y llanamente, y porque es tan suyo como lo es de cualquier otro adulto de más edad.

Y ya que están, pues por qué no adquirir algunos conocimientos sobre el fermento de la uva. De ello se ocupa un estrecho colaborador de la asociación como es Álvaro Varela, sumiller y gerente de L’Enfant Terrible, quien afirma que «cuanto uno conoce más aquello que le gusta, más lo disfruta. Los conocimientos te elevan en el disfrute. Vamos pasito a pasito y partiendo de la base de hacer disfrutar y de que aprender de vino no es una obligación, que sea un hobby».

«Esa es la idea», recalca Pablo, quien subraya que «para que te intereses por algo es mejor rodearlo de una ambiente distendido, asociar vino a pasártelo bien, y a partir de ahí que la gente empiece a profundizar». Igualmente, «queremos quitar ese estigma de que el vino es de mayores, de gente aburrida». De eso da fe Asier, quien comenta que «lo que veo en las catas es que la gente –de ambos sexos al 50% y 25 años de media de edad– cada vez quiere más y nos piden más. En una de las catas una chica nos dijo: quiero venir a más, meterme más en esto porque quiero aprender».

«Quieren más. Es algo diferente, no es salir a beber por beber, estamos cambiando esa mentalidad. Conoces gente, el tipo de relacionarse es muy distinta, la interactuación es diferente en un ambiente sano», ratifica su compañero Pablo Nieto.

Al igual que el de Álvaro, la agrupación cuenta con el apoyo de otros establecimientos hosteleros de Valladolid, donde han celebrado alguna cata guiada o acuden a tomar un vino, y también están ya en contacto con bodegas para involucrarlas en el proyecto. Según explica Manuel Cuadrado, también las bodegas se están mostrando muy receptivas con su propuesta, y, acentúa: «Que la gente que sabe de esto te eche una mano es muy importante, incluso cualquiera que participe en una cata y sepa puede aportar sus conocimientos, eso es muy bonito».

Otra de los mitos que quieren derribar y que entienden que es un factor que aleja a los jóvenes de su consumo, como señala Manuel Cuadrado, es que el vino es para bolsillos pudientes. «El vino no es caro», explica, «y puedes beberlo sin tener que gastar mucho dinero». Ese miedo que según Manuel tienen los jóvenes respecto al vino, de «entrar en un bar, mirar un montón de botellas, elegir una, y no saber lo que te van a cobrar», cree que se puede eliminar con la colaboración de los hosteleros, «que te asesoren». De ahí el papel de profesionales como Álvaro Varela, quien cree que falta todavía gente formada detrás de la barra. «La demanda, los clientes, supera a la oferta, que son los hosteleros formados».

Quién sabe si Jóvenes por el Vino podría ser la piedra angular o el comienzo de una senda por la que los adultos jóvenes transiten sin temor hacia lo que entienden que «es algo nuestro, con una cultura detrás», refleja Pablo. Y de esta forma, entre todos, «se fomente en Valladolid entre la gente joven salir de vinos», algo que facilitará la aplicación de móvil que van a sacar con información sobre locales y bodegas colaboradores, geolocalizados, y otra serie de posibilidades, como comentar vinos catados, para que el placer de degustar un buen vino sea algo compartido entre amigos.