Planes para un fin de semana serrano en El Barco de Ávila

 

Para este crucero no hacen falta pulserita de colores ni pastillas contra el mareo. Todo lo más, si cabe, algo para aliviar las digestiones pesadas. Y para eso –ya se explicará– la receta es un cardiosaludable paseo por entre las huertas barcenses. La travesía es de dos días y el barco –ahora viene la ocurrencia– se encuentra varado al pie de una de las sierras más castizas del interior de España, la de Gredos, a 270 kilómetros en línea recta de la costa más cercana –el Atlántico–, pero rodeado de puertos –de montaña, claro– casi por todas partes. Proponemos un fin de semana, nada náutico, por cierto, a bordo de El Barco de Ávila.

Si el embarque a esta excursión se realiza el sábado por la mañana puede ser una buena idea empezar por el Museo de la Judía. Es una estupenda introducción sobre el que, hoy por hoy, es uno de los mayores orgullos de El Barco: el cultivo de la judía y cómo este ha colocado a la localidad en el mapa gastronómico de la península Ibérica.

Aunque parezca que no, y si luego pensamos comprar en alguno de los comercios de El Barco judías para llevar, es bueno, al menos, saber que cuando aquí hablamos de judías hablamos de un muestrario tan extenso como exquisito. A saber: blanca riñón, blanca redonda, arrocina, planchada, morada redonda, morada larga y judión del Barco, cada una con sus particularidades de textura y sabor.

Según el tiempo que dediquemos a estas lecciones, corresponde después el paseo por un casco urbano que tiene recién estrenada su condición de Conjunto Histórico, aprobada por la Junta de Castilla y León el pasado noviembre. Si salimos del Museo de la Judía, lo que tenemos más a mano es el Puente Viejo (o Románico). Medieval, en cualquier caso y tal fundamental en la historia de El Barco como el castillo, que veremos luego. Como acostumbra a suceder con los puentes de mucho trote, ha sido numerosas veces tirado y reconstruido, en especial tras los asedios franceses que durante la Guerra de la Independencia se llevaron por delante gran parte del caserío. Su perfil alomado estaba rematado, justo en el medio, por una torre con funciones defensivas y de peaje que se perdió durante la francesada. Sí o sí hay que pasar a la otra orilla, tanto por disfrutar de la bella composición que forman río, puente, caserío, iglesia, castillo y sierra, como por acercarse hasta la ermita del Cristo del Caño, uno de los hitos de la localidad.

De vuelta a la otra orilla hay que pasar ante el exiguo vestigio que se ve de la Puerta del Puente y enfilar por la calle del mismo nombre hacia la plaza de las Acacias. Ahí encontramos la monumental iglesia de la Asunción (tel. 920 3400 77). En una esquina queda la ermita de San Pedro del Barco, levantada sobre el solar en el que naciera este santo local y el inicio de la calle que lleva hasta la plaza de España. La calle continúa como calle Mayor y a ella se asoman algunas de las fachadas más notables de El Barco. Más adelante arranca el enlace hasta la espléndida fortaleza –que solo se ve por fuera– y, un poco más allá, el edificio de usos culturales que alberga la Oficina de Turismo (tel. 920 340 100).

Fuera de este circuito, hacia el sur, todavía faltaría por acercarse hasta la puerta del Ahorcado, la más entera de cuantas permitían franquear la muralla medieval, y un tramo de esta.
Llegada la hora de comer, son varios los sitios en los que refugiarse y salir bien servido. Uno de ellos puede ser Casa Lucio (tel. 920 34 07 59), junto al Ayuntamiento. En cuanto a qué pedir, pocas dudas: judías, chuletones, croquetas, caldereta….

Una forma estupenda de aligerar la digestión es dándose el paseo por la Ruta de la Ribera de El Barco. Es un circuito de tres kilómetros que discurre por entre la zona de huertas en las que se cultivan las legumbres que nos acabamos de comer. El inicio del circuito se localiza casi al comienzo de la carretera que va hacia Los Llanos.
Una idea para llenar la jornada del domingo puede ser la de dedicarse a pasear por el monte en busca de los restos de pueblos que fueron y, un día, quedaron vacíos. Cerca de El Barco encontramos dos.

El primero hasta el que podemos acercarnos es Cabezuelo. El paseo a pie podemos arrancarlo en La Carrera. Al pie de la iglesia se ve el mapa y la señalización del GR-293 que, en dos kilómetros de subida, nos lleva hasta este pueblo abandonado que sirvió como escenario para rodar algunas secuencias de La Noche de los Girasoles. El segundo de estos pueblos del silencio, Casas de las Sierra, podemos alcanzarlo también en dos kilómetros por la pista que asciende desde la localidad de Santa Lucía. A la salida del pueblo, tomamos el camino que sube hacia el depósito de agua. Al alcanzarlo se sigue por el ramal de la derecha. Un poco más adelante, de nuevo por el de la derecha y a continuación por el de la izquierda. Luego solo queda un largo repecho con algún zigzag hasta llegar a él.