Castilla y León tiene un bajo consumo en verduras respecto al resto de España

 

La alcachofa no es precisamente la verdura más popular y, aunque tiene el lugar que se merece en la cocina de los más grandes, sus muchas propiedades permiten reivindicar una posición de honor en la dieta semanal sobre todo por sus suplementos naturales para la pérdida de peso y las enfermedades hepáticas. Aunque es un plato de otoño e invierno, sus múltiples presentaciones -congeladas, enlatadas, envasadas al vacío…- facilitan su uso todo el año.

SALUDABLECastilla y León no es una gran productora ni de esta ni de otras muchas verduras u hortalizas; pero ello no debería impedir introducir, en el día a día, estas pautas de la recomendada dieta mediterránea. La comunidad tiene un consumo de estos alimentos muy inferior al resto del país, apenas alcanza el 76% de la media nacional, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

Los extractos de los tejidos finos de la alcachofa se utilizan en cosmética como ingrediente de los tónicos o lociones astringentes para limpiar el cutis o para mejorar el cabello. Utilizada en farmacología, su infusión sirve para la arteriosclerosis, celulitis o combatir el colesterol. Es un alimento saludable para el hígado debido a la cynarina que aporta propiedades coleréticas y aumenta la producción de bilis en este órgano y, por lo tanto, favorece la digestión de los alimentos; lo que evita efectos como la pesadez de estómago, las malas digestiones, gases o acidez. La cynarina tiene el curioso efecto de que todo lo que se come o bebe después de las alcachofas sabe dulce.

Además, tiene propiedades tónicas, digestivas, diuréticas y antirreumáticas. Con tantos beneficios, tal vez no sea de extrañar que Pablo Neruda, Nobel de Literatura (1971), escribiera una Oda a la Alcachofa o que haya un concurso anual en Californa en el que se nombra una reina de la Alcachofa. Marilyn Monroe fue la primera en 1949.

Esta planta (Cynara) debe su nombre a la mitología griega. El dios Zeus se enamoró de una muchacha de la isla de Zynaray y, al ser rechazado, la castigó convirtiéndola en alcachofa. Tal vez, en busca de las divinas propiedades de esta verdura, la consumían griegos y romanos, aunque era una variedad diferente, la silvestre, muy similar al cardo.

Goethe no compartió el gusto de los italianos por las alcachofas y, en su libro “Viaje a Italia”, comenta que los campesinos se comían hasta los cardos, algo que al dramaturgo alemán no le debía de parecer nada apetitoso. En cuanto al nombre en español, alcachofa, parece derivar del árabe “al´qarshuf” que significa “cardo pequeño”.

Esta planta, o los cardos de los que procede, parece ser originaria de Egipto o del Norte de África y ya era conocida por griegos y romanos que le otorgaban poderes afrodisíacos. Durante la Edad Media no se conocía y se piensa que fue en esta época cuando, del cultivo sucesivo de cardos, los horticultores consiguieron la alcachofa.

Cynar, el amargo licor italiano hecho de trece hierbas y la planta de la alcachofa toma su nombre para la bebida. Además, ofrece excepcionales cualidades gastronómicas crudas, hervidas, al vapor, fritas, rebozadas, guisadas, en sofrito, a la brasa, al horno y hasta en tortilla, gratinadas o en la menestra. Si se dejan crecer dan una preciosa flor malva, original y poco conocida, que sirven de decoración en un buen florero.